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lunes, 18 de marzo de 2019

El teatro de lo absurdo



Una vez concluida las lecturas sobre El teatro del absurdo de Martin Esslin y El teatro como subgénero dramático de Rafael Nuñez, es pertinente decir que el propósito de ambos autores es explicar cómo funciona el teatro del absurdo, cómo el espectador puede alcanzar una perspectiva adecuada de la obra sin que tenga una interpretación sesgada o exclusivista y cómo la obra se puede acomodar a las expectativas. Es así como los autores afirman que el teatro del absurdo no busca romper la infraestructura dramática (o categoría) aristotélica, sino transformarla radicalmente en la forma de hacerla. Hay que recordar que la infraestructura aristotélica se compone de la “lógica” de un inicio un nudo y un desenlace, además de que todo relato inicia con un propósito y éste no finaliza hasta que se cumple el propósito; sin embargo, el teatro del absurdo va en contraposición a la “lógica” del relato y la estructura aristotélica.
Rafael Nuñez cita a Eugene Ionesco, precursor del teatro del absurdo de la siguiente manera “Una obra de teatro, dice Ionesco, es una construcción constituida por una serie de estados de conciencia, o de situaciones que se intensifican o se des intensifican (…) para acabar en una confusión insostenible” (Nuñez, 1982 p. 633). Es decir, el teatro del absurdo se abre paso para contar nuevas situaciones sin importar si obedece o no a una estructura establecida y la fábula o el desarrollo de la acción es un factor más teatral que verbal. Por ejemplo, Rafael Nuñez otorga cuatro características fundamentales an el teatro del absurdo, las cuales son
1.      Transformación repentina del personaje.
2.      Intensificación progresiva de la situación inicial.
3.      Inversión del principio de causalidad
4.      Énfasis rítmico y/o emocional. (Nuñez, 1982 p. 634)
Estas características identifican el desarrollo de la fábula de manera teatral y en donde el conflicto surge por las acotaciones y la representación del actor y sus acciones más que por los diálogos en obras como Esperando a Godot, La cantante calva, La lección, Jacobo o la sumisión, La silla entre otras. Además, Nuñez menciona el recurso de la repetición musical, de objetos, gestos y en acciones uno de elementos más característicos del teatro del absurdo, por ejemplo, una pieza musical puede repetirse un sin número de veces con algunas o pocas variaciones hasta llegar a la evolución. Lo mismo ocurre cuando en las acotaciones se le pide al actor que repita la misma acción una y otra vez hasta llegar a la evolución de la acción o el desenlace de la acción o a la simple repetición sistemática.
De igual manera, para Martin Esslin el teatro del absurdo se compone se situaciones y acontecimientos, de imágenes concretas y acciones recurrentes que distan, en muchas ocasiones, del razonamiento lógico y argumentos dialécticos. Es así como en el teatro del absurdo cada escena no es consecuencia de la anterior, son escenas que no presentan un nexo lógico de continuidad, sino un nexo de identidad que conserva el dinamismo en las acciones.
En consecuencia, los personajes del teatro del absurdo van a carecer de profundidad sicológica o mundo interior, pues no cuentan con las características de un personaje de teatro tradicional, es decir, no cuentan con individualidad, estabilidad y  funcionalidad que le brindan un propósito y un objetivo dentro de la obra. Por el contrario, los personajes del teatro del absurdo obedecen a la creación de imágenes a través de acciones “Es simplemente fuerza en intensidad y acción pura, variación cualitativa constante y poder de metamorfosis” (Nuñez, 1982 p. 638) Es decir, hay identidad física en el personaje determinada por acciones, el gesto y la expresión corporal, pero no una identidad síquica motivada por impulsos u objetivos. Por lo cual, el papel del personaje en el teatro del absurdo está delimitado por la acumulación de acciones y situaciones. “El análisis del personaje conduce, pues, al mismo desenlace que el análisis de la acción” (Nuñez, 1982 p. 639).
Martin Esslin afirma que el teatro del absurdo no resuelve nada, no hay una profundidad sicológica con respecto a las situaciones o los objetos que se usan, es por esta razón que en el teatro del absurdo la situación final suele ser la misma que la inicial, como por ejemplo en Esperando a Godot  Vladimir y Estragón terminan donde empezaron, no hay un conflicto que resolver, pues la intensión de éste teatro no es contar una historia, sino transmitir el sentido de imágenes poéticas que comunican un mensaje (Esslin, 1966). Es así como el árbol en el cual se encuentra cerca de Vladimir y Estragón muestran lo vacía que puede ser la vida del hombre y como nada pasa durante su existencia, pero todo esto no se logra a través del diálogo, sino a través de las imágenes y las acciones representadas por los actores.
Rafael Nuñez afirma, además, que el teatro del absurdo está en deuda con el sicoanálisis y el subrealismo, pues sus obras pueden ser, sin problemas, la representación de un sueño donde los personajes están desdibujados, hay lagunas entre sucesos y algunos elementos e imágenes están yuxtapuestos, las situaciones aparecen y desaparecen al azar como en un sueñor (Nuñez, 1982). De hecho, Nuñez cita a o Ionesco diciendo “cuando escribo intento impedir que intervenga el pensamiento discursivo o la conciencia diurna, dejo seguir las imágenes tanto como sea posible” (Nuñez, 1982 p. 643). En consecuencia, el teatro del absurdo muestra la visión poética que el dramaturgo tiene de la vida o la condición humana a través de imágenes, y esta construcción de imágenes puede ser leída por el espectador por medio de las acciones que el actor va interpretando, y que se salen de la lógica y el razonamiento común.

Referencia bibliográfica
·         Esslin, Martin. El Teatro Del Absurdo. Barcelona, Editorial Seix Barral, 1966.
·         Nuñez, Rafael. “El Teatro del Absurdo como subgénero dramático”. Separata en Archivum, Revista de la Facultad de Filología. 14 pp. Oviedo, 1981-1982.

De la poética de Aristóteles hasta el teatro del absurdo



            El siglo XX es el siglo de las guerras y las matanzas más grandes que ha visto la historia de la humanidad, en consecuencia se presentaron grandes avances científicos y tecnológicos que cambiaron la manera de vivir de las personas y la manera de apreciar su entorno. Se puede decir que en el siglo XX hay una gran ruptura que deja un antes y un después en la historia de la humanidad como ningún otro siglo de la historia. Estos cambios no sólo afectaron a la ciencia y la tecnología; sino que también afectaron a las artes, la literatura, la filosofía y el teatro, pues el siglo XX también vería nacer a las vanguardias europeas o movimientos artísticos que transformarían los cánones  y las maneras en las cuales se concebía el arte y la escritura; cánones que venían heredados de los grandes filósofos y pensadores griegos desde el principio de la civilización y que se les volvió a dar importancia con la llegada del renacimiento en el siglo XIV en Florencia (Italia), donde se iba a reconocer a los griegos como punto de partida en las diferentes disciplinas como la filosofía, la literatura, la arquitectura, las artes y el teatro. Ahora bien, con la llegada del siglo XX, estos cánones se fueron transformando, evolucionando o transgrediendo completamente, pues el mundo y su historia pedían un cambio. De igual manera, se conoce bien que el teatro es el arte comunicativo por excelencia, pues su propósito es, como dice Shakespeare, “servir de espejo a la propia naturaleza” (Shakespeare, 1941 p. 578) y desde los griegos hasta los tiempos que corren ha servido para contar y representar la historia de la humanidad, siendo fiel a su época y su costumbre. Por lo cual, el siguiente ensayo busca analizar cuál es el salto y la necesidad que presenta el teatro desde Aristóteles hasta el surgimiento del teatro del absurdo en su manera de contar la historia.
            Aristóteles habla sobre el teatro como el arte poético por excelencia pues surge de la mímesis que hace la poesía de la vida de los hombres, sus conflictos e historias son paralelas a las realidades que ocurren en el día a día. En la Grecia de Aristóteles surgen varias expresiones poéticas como la epopeya, el ditirambo, la comedía, la elocución y la poesía trágica, que se valen del ritmo la música y el canto para ser representadas y que tienen como objetivo contar historias. Aristóteles se enfoca a explicar el surgimiento y evolución de las tragedias griegas que cuentan la caída de héroes y dioses por grandes errores cometidos y que no se pueden escapar de su destino. Por ejemplo, se encuentra Orestes siendo enjuiciado por las furias por haber matado a su madre y a su tío, o a Edipo por haber matado a su padre y haber engendrado a su madre. En consecuencia, Aristóteles analiza a profundidad las tragedias, sus hechos, sus protagonistas y sus intérpretes, y obtiene como conclusión que lo más importante en estas tragedias es la fábula, que se define como “la mimesis de la acción, pues llamo aquí “fábula” a la composición de los hechos” (Aristóteles y Horacio, 2003 p. 63). Es decir, Aristóteles afirma que lo importante es la historia, lo que la tragedia cuenta y que lo más sobresaliente a la hora de ser representada, no son sus intérpretes o sus ritmos (refiriéndose a la manera de entonar y musicalizar los coros), si no los hechos o lo que se quiere contar con la tragedia.
La fábula no es una, como algunos creen, si se relaciona con uno solo, pues muchas e infinitas cosas le ocurren a uno solo, a partir de algunas de las cuales no hay unidad, y del mismo modo también hay muchas acciones de uno solo de las que no se produce una acción única. (Aristóteles y Horacio, 2003 p. 71)
Es así como Aristóteles, después de sus análisis y discursos sobre el teatro, propone una estructura en la cual éste debe ser escrito, la cual cuenta con un inicio o la exposición de los hechos, en la cual se presentan a los personajes y su entorno, un desarrollo de los hechos o la razón por la cual los héroes o dioses caen en desgracia y un final o el resultado de los hechos. Esta estructura aristotélica ha sido usada por siglos a la hora de escribir tragedias, fábulas, comedias, poesía y teatro y, aunque sus variantes han sido mínimas, la manera en la cual se estructura no ha cambiado en nada, pues como se puede apreciar lo importante para Aristóteles son los hechos.
La estructura aristotélica se posicionó como una máxima o la hora de escribir, y fue usada siglos y siglos después de la caída de las civilizaciones griegas y romanas hasta llegar al medioevo, con la llegada el renacimiento se le prestó aún mayor importancia a los postulados de Aristóteles y su estructura se estableció como la manera correcta de escribir teatro e historias, pues la poesía que Aristóteles concibió en un principio se diversificaría y pasaría a convertirse en varios de los actuales géneros literarios. De la estructura aristotélica se beneficiaron grandes dramaturgos y escritores de la literatura universal como William Shakespeare, Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Goethe por mencionar algunos, donde sus historias y personajes maravillaron al mundo entero. Con el cambio de siglo se levantaban escritores, dramaturgos y artistas que expresaban por medio de su arte el entorno y las situaciones coyunturales que vivían en su época. Por ejemplo, Schiller y Victor Hugo fieles representantes del romanticismo europeo son hijos de la revolución industrial, donde el carbón pasa a ser usado como combustible de máquinas que reemplazan a los hombres en las fábricas, y cuyas historias retratan a una sociedad en contexto.
Con la llegada del siglo XX, Europa se enfrentaría a dos guerras que, hasta la fecha han marcado y, de alguna u otra manera, han involucrado a la población mundial hasta el día de hoy. Con las guerras llegarían la innovación  y tecnificación bélica que, en pocas palabras es cómo matar a más personas con menos esfuerzo y la tecnificación en comunicaciones y las ciencias. Este tipo de cambios cambiarían drásticamente las vidas de las personas, pues el siglo XX es “la revolución de los sistemas de transporte y comunicaciones, que prácticamente han eliminado el tiempo y la distancia (pero que; sin embargo) está teñida de insatisfacción y desconfianza hacia el futuro” (Hobsbawm, 1995 p. 22). Lo más contradictorio del siglo XX es que a mayor avance científico hay una menor confianza con respecto al futuro y a la humanidad, el siglo XX le demostró a la humanidad que 50 millones de personas no son suficientes para acabar el odio irracional entre naciones y que la mejor manera de hacer la paz con tus vecinos es creando la guerra con tus adversarios. De acuerdo a Eric Hobsbawm “el viejo siglo no ha terminado bien” (Hobsbawm, 1995 p. 26)
Como el panorama es desolador y lúgubre en el siglo XX, el teatro que surge inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial es el teatro del absurdo con Samuel Becket y Eugene Ionesco en un principio, pues es un teatro que ya no cuenta una historia redonda con un inicio, desarrolla y final; por lo contrario muestra la visión poética del dramaturgo respecto a algún tema en específico a partir de la construcción de imágenes y acciones repetidas que se sale de toda lógica común o línea cronológica de tiempo. Por ejemplo, Esperando a Godot  de Samuel Becket cuenta la espera de dos personas de un ser que nunca llega en un lugar desolador y lúgubre, lleno de basura y escombros. Lo poético de esta obra no está en su historia, sino en las imágenes construidas no a través de la palabra, sino a través de los objetos y las acciones puestas en escena por los intérpretes, es así como un árbol en medio de la nada con escombros y basura transmite un mensaje claro en Esperando a Godot sin la necesidad de la elocución o el texto escrito.
 El teatro del absurdo comienza con Becket y Ionesco y va a romper con la estructura aristotélica de escribir teatro, pues no va a contar con un inicio, nudo y desenlace, y sus personajes ya no van a ser héroes, ni dioses ni villanos ni personas importantes, sino personas del común. En consecuencia, el teatro del absurdo ya no se va a valer de la oralidad para contar una historia, sino de la construcción de imágenes poéticas a través del uso de objetos, por ejemplo, Vladimir y Estragón  de Esperando a Godot jamás describen el lugar en el cual se encuentran, es el autor que en sus acotaciones describe específicamente con qué debe contar el set o el escenario de representación, no es su interpretación de los textos o la tristeza que reflejen sus rostros los que transmiten la desolación y el despojo, sino las acciones de Vladimir royendo un hueso de pollo que Pozzo le arroja y Lucky hablando incoherencias. Aun así, la forma clásica de hacer teatro y el teatro del absurdo tienen algo en común, lo más importante en ambos es el mensaje que transmiten a través de su representación, el primero hace uso de la palabra e interpretaciones y el segundo a través de objetos y acciones.
De acuerdo a Martin Esslin el teatro del absurdo no busca romper la infraestructura aristotélica, sino transformarla en su manera de hacerla (Esslin, 1996). Es decir, aunque el teatro del absurdo rompa la lógica de hacer y escribir teatro, lo que prima es la “fábula” como dice Aristóteles, pero esta vez no va a ser representada a través de la historia o la oralidad, sino a través de la teatralidad.
Por otra parte, aunque el punto coyuntural de la fábula o el mensaje es lo que une principalmente al teatro clásico y al absurdo, los personajes y la línea de tiempo son las características que los separa, por ejemplo, mientras en el teatro clásico los personajes cuentan con individualidad, estabilidad y  funcionalidad, en el teatro del absurdo los personajes van a carecer de estas características, pero van a tener una “transformación repentina y carente de lógica, una intensificación progresiva de la situación inicial, una inversión del principio de causalidad y un énfasis rítmico y/o emocional” (Nuñez, 1982 p. 634).
Finalmente, se puede decir que el salto que presenta el teatro clásico hasta el teatro del absurdo es consecuencia de los cambios y rupturas que fuertes que dejó el siglo XX, pues es el siglo que mayor avance científico y tecnológico presenta. Pues se puede afirmar que el teatro del absurdo es hijo de la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde el panorama mundial era desolador y había un quiebre que ya no se podía reparar, por lo cual, la manera de contar historias y hacer teatro debía corresponder a este tiempo y a esta situación, pues el mundo ya no quería escuchar largos diálogos alentadores y hermosos pertenecientes al romanticismos del siglo XIX o personajes profundos y complejos del teatro isabelino, ¡No! El mundo estaba en shock por perpetrar tantas barbaries y crímenes, el mundo ya no podía escuchar más, era la hora de transmitir mensajes a través de las imágenes, la ruptura de la lógica, la construcción poética a través de acciones, de aquí parte esta necesidad, o como dice Rafael Nuñez  “Es simplemente fuerza en intensidad y acción pura, variación cualitativa constante y poder de metamorfosis” (Nuñez, 1982 p. 638) 

Referencia bibliográfica
Aristóteles y Horacio. Artes poéticas. Ed. Aníbal González. España: Visor libros. Recuperado de https://alojamientos.uva.es/guia_docente/uploads/2013/440/41702/1/Documento.pdf
Esslin, Martin. El Teatro Del Absurdo. Barcelona, Editorial Seix Barral, 1966.
Hobsbawm, E.J. Historia del siglo XX. Trad. Juan Faci, Jordi Ainaud, Carme Castells. Barcelona: Crítica, 1995.
Nuñez, Rafael. “El Teatro del Absurdo como subgénero dramático”. Separata en Archivum, Revista de la Facultad de Filología. 14 pp. Oviedo, 1981-1982.


La cantante calva

Recuperada de ver sitio
Titulo original: La Cantatrice Chauve
Autor: Eugéne Ionesco
Género: Teatro / Absurdo
Ano: 1952
País: Francia
Idioma: Francés


¿Quién es la cantante calva que se peina todos los días?


            Cuando el 11 de mayo de 1950 en el cabaret parisino Théâtre des Noctambules los asistentes a La cantante calva reclamaban su dinero entre burlas y quejas piden ver por lo que pagaron, una cantante calva, Nicolas Bataille, director de la obra afirma que las cosas se salieron un poco de control, ¿Coincidencia? Es mejor analizar una de las críticas de uno de los asistentes al espectáculo. Para el escritor francés Jaques Lemarchand el teatro de Ionesco se trata de todo menos de lo que él dice, por ejemplo, su obra La lección habla de todo, menos de una lección; sin embargo, cuando el público pide ver una cantante calva ¿qué es lo que va a recibir? ¿Un rinoceronte? Pues bien, es necesario saber que el componente de Ionesco en todas sus obras es un factor sorpresa que promete la llegada de un suceso, cuando en realidad no llega nada. Es como si en la envoltura de un cereal dijera “Con sabor a fresa” y dentro del empaque hubiera arena. ¿Engaño? ¿Burla? Es muy apresurado pensar que el escritor nos engaña, por ahora, es mejor pensar que hay un malentendido.
            Cuando el público parisino pagó por ver una supuesta cantante calva en un cabaret, el público se encuentra con una pareja “muy inglesa”, los Smith, que hablan de cosas triviales como la cena y un personaje llamado Bobby Watson, cuya familia tiene su mismo nombre y todos están emparentados entre sí. Luego, tras una conversación “muy inglesa” llegan los Martin, quienes aparentemente estaban invitados a cenar; pero llegaron cuatro horas tarde. Los Martín, también son “muy ingleses”, no tanto como los Smith y con discusiones similares, por ejemplo, los Martin aunque parecen ser esposo y esposa, no lo son, aunque han viajo juntos desde Manchester a Londres en el mismo tren, y viven en la misma calle y el mismo piso número 8 y comparten el mismo edredón verde, no son esposos. Aun así, el público sigue esperando a una cantante calva.
            Alguien llama a la puerta de los Smith, y algún ingenuo, pensando que es la cantante calva, se da cuenta que es un bombero que conoce a la sirvienta de los Smith, Mary y que hablan sobre fuego y anécdotas sin sentido. Durante toda la obra, cuando parece que por fin va a aparecer eso por lo que el público pagó, no llega nada. Sólo una pequeña mención “- El bombero: A propósito, ¿y la cantante calva? Silencio general, incomodidad - Sr. Smith: Sigue peinándose de la misma manera” (Ionesco, 2007 p. 72)
            De acuerdo a Jaques Lemarchand, asistente a la función, aunque el público nunca vio la cantante calva y pidió su dinero, entre acto y acto, la obra lograba sacar algunas risas de en medio del público, y al final, algunos menos molestos, dijeron que no entendieron nada; pero estuvo la obra muy divertida.
            Ahora bien, ¿Qué fue lo que causó ese efecto en los asistentes a la obra y qué dijo Ionesco al respecto? Para Ionesco no fue una sorpresa la reacción de los asistentes, el mismo decía que “Para mí ir al teatro significaba ir a ver gente, aparentemente seria, haciendo un espectáculo de ellos mismos” (Esslin, 1966 p. 105) Es decir, el teatro sólo representaba la realidad de la sociedad haciendo un espectáculo para la misma sociedad. Los asistentes, al no saciar sus ansias de morbo con el espectáculo de una mujer calva y, por lo contrario, escuchar discusiones sin sentido arremeten contra el espectáculo; pero era precisamente eso a lo que quería llegar Ionesco, mostrar la tragedia del lenguaje, pues desde su concepción el lenguaje entre los seres humanos de la posguerra era imposible, sus conversaciones y maneras de pensar habían perdido toda coherencia, hablaban cosas sin sentido y a nadie parecía importarle. Es así, como los Smith y los Martin son sólo una muestra de lo absurda y banal que se ha convertido la sociedad, un “despropósito” de la realidad.
            Sin embargo, después de la primera función y la poca aceptación del público, algunos estudiosos y literatos de la época como Jaques Lemarchand y Kenneth Tynan, exaltan la obra de Ionesco y afirman que, a diferencia del teatro realista convencional, Ionesco propone un anti teatro “Un teatro de aventura[,] ilógico[,] irracional[,] poético y burlesco. Viola las reglas de juego; pero es lo contrario a un teatro tramposo” (Ionesco, 2007 p. 13) Cuando Lemarchand dice que “viola las reglas de juego, pero es lo contrario a un teatro tramposo”, afirma que el teatro realista convencional tiene una fórmula para congraciarse con el público y, como todos los tramposos conoce la ley para manipularla a su antojo, pero el teatro de Ionesco rompe con la convención del teatro realista y usa el teatro para manifestar el malestar existente en el lenguaje. Por otra parte, Kenneth Tynan afirma que Ionesco es el nuevo mesías de la escritura y que sus obras son la puerta de entrada al teatro del futuro; sin embargo “El peligro surge en el momento en que se le considera como un camino general a seguir (…) del cual serán borradas las herejías humanistas de la fe en la lógica y en el hombre” (Esslin, 1966 p. 97) Pues si bien, el teatro de la posguerra debe mostrar el malestar existente en la humanidad, tampoco debe perder la fe en la lógica del hombre y sus comportamientos. A estos pronunciamientos Ionesco afirma que su literatura dista de convertirse en un camino o que él sea la figura de un mesías, pues después de 1945 el mesías había dejado de existir, y si existía, se había olvidado de Europa.
            Con La cantante calva, aparte de mostrar la imposibilidad en la comunicación, muestra la futilidad de la vida y en las relaciones humanas. Por ejemplo, cuando los Martin hablan sobre si se conocen el uno al otro o si son esposos, el lector/espectador pensaría en un principio que el hecho es obvio, pues su vínculo matrimonial está cimentado en la idea de que ambos tienen una hija con un ojo blanco y otro rojo, aun así, lo gracioso es saber por parte de la sirvienta Mary que no son esposos por el mismo hecho “Pero en tanto que la hija de Donald tiene el ojo blanco a la derecha y el rojo a la izquierda, la hija de Isabel tiene el ojo blanco a la izquierda y el rojo a la derecha”(Ionesco, 2007 p. 13) Sin embargo, no interesa si son o no son esposos, lo que interesa es el sentimiento de abandono en el cual han caído las relaciones y el desinterés absoluto por la familia. Con sucesos como esto se puede decir que en Ionesco no importa el sentido sino la sensación, ya que el sentido de la comunicación se ha perdido, lo importante ahora es saber lo que genera obra, siendo esta la prueba de lo que ocurrió a los asistentes de la premiere, analizaron desde la razón una obra que carece de sentido.
            Por otra parte, si La cantante calva es un reflejo del problema del lenguaje en la sociedad, se podría decir que la obra hace parte de un realismo social. Ionesco dice que una de las barreras existentes entre los humanos surge a causa de la sociedad, pues las guerras, la injusticia, las desigualdades y la pobreza vienen a causa de la sociedad y sus reglas absurdas que separan a unos humanos de otros y los clasifican según su género, color de piel, creencias religiosas y poder económico. “De aquí la necesidad de romper con el lenguaje de la sociedad, el cual no es más que clichés, fórmulas vacías y slogans” (Esslin, 1966 p. 98) De igual manera, de acuerdo a Ionesco su obra manifiesta los temores y pesadillas de sí mismo y por ende, si él es capaz de descubrir sus miedos, muchos otros podrán descubrir sus miedos a través de su obra, muchos de esos miedos que no pueden ser expresados por palabras, pero que si pueden transmitir una sensación, de acuerdo al mismo Ionesco algunas veces se logra otras veces no.
“Para descubrir el problema fundamental que afecta a toda la humanidad, me debo preguntar a mí mismo cual es mi problema fundamental (…) Estoy seguro que entonces descubriré los temores y problemas de casi todos (…) Una obra de arte es expresión de una realidad incomunicable que uno trata de comunicar y que, a veces, puede ser comunicada. Esta es su paradoja y su verdad” (Esslin, 1966 p. 98-99)
Por lo cual, si se piensa en un principio que el buen Ionesco timó y engañó a su público parisino, la respuesta es que les mostró su realidad, esa oscura y terrible realidad, como dice Nicolai Gógol “No culpes al espejo por tu cara deforme”, en lo que se ha convertido el mundo de verdad aterra a todos. De igual manera, si se va a comprar cereal y fresa y dentro de su caja hay arena, no hay que culpar a la fábrica, la arena es el nuevo cereal de fresa y, le guste a quien le guste, esa es la realidad.
Entonces, si alguien se pregunta ¿Dónde está la cantante calva? Una posible respuesta es enfrente de ustedes, pues la cantante calva que se peina todos los días es el mismo absurdo de una sociedad que habla, pero que no se comunica, que ve pero no observa que es y a la vez no. Es así como después de leer a Ionesco y a Martin Esslin, quien escribe puede decir “¿Quieres ver un espectáculo de verdad? – ¡Mírense ustedes mismos!”

            Bibliografía

Ionesco, E. (2007). Teatro: La cantante calva, Jacobo o la sumisión, El porvenir está en los huevos. Buenos Aires: Editorial Losada.
Esslin, M. (1966). El teatro del absurdo. Barcelona: Editorial Seix Barral.


De lo posdramático a lo absurdo


La urgente necesidad del cambio

Cuando Shakespeare se refiere al teatro como “el espejo de la naturaleza (…) que muestra a cada época y generación sus modales y costumbres” (Shakespeare, 2010 p. 79), se refiere a que el teatro tiene la virtud de reflejar a cada sociedad en un espacio y tiempo determinado. Con el paso del tiempo, el teatro se ha encargado de cumplir firmemente con esta característica, siendo un fiel espejo de la naturaleza; no porque sea una réplica servil o una copia exacta de lo que ocurre; sino porque es capaz de capturar la esencia de una época y un momento determinado en la historia de la humanidad.
            Partiendo del siglo XX es pertinente decir que este espejo ha venido cambiando conforme cambian las generaciones; se tornó cóncavo a inicios de siglo con Ramón del Valle-Inclán, se tornó surreal con André Breton, cruel con Antonin Artaud, épico con Brecht y absurdo con Becket, Ionesco y Adamov. A partir del siglo XX, este espejo de la naturaleza tomó varias formas y estéticas dejando de mostrar una realidad exacta o mejor dicho, mostrando la otra realidad. Se puede decir que estas estas manifestaciones artísticas son producto de varios cambios históricos importantes que marcaron el siglo XX como lo fueron las dos Guerras Mundiales y todos los conflictos políticos y bélicos que le siguieron que, aunque sólo ocurrieron en Europa, afectaron a la mayor parte de la población en todo el mundo. A causa de estos conflictos bélicos a inicio de siglo, surge una gran desconfianza hacia el lenguaje, pues la retórica ya no bastaba y los grandilocuentes discursos de todos los dirigentes políticos habían defraudado al mundo entero. Para finales de 1940, el espejo mostraba un reflejo gris, lúgubre y desolador. “Este siglo nos ha enseñado que los seres humanos pueden aprender a vivir bajo las condiciones más brutales y teóricamente intolerables” (Hobsbawm, 1995 p. 23). Durante la segunda mitad del siglo XX el hombre entendió lo absurda y fútil que puede ser la vida; por lo cual el espejo se tornó absurdo y sin sentido.
            El siglo XX es conocido por tener varios movimientos y manifestaciones artísticas producto de los cambios coyunturales y políticos que ocurrieron, estos movimientos trabajaron de manera mancomunada afectando a diferentes campos del arte. En el teatro surgieron varias manifestaciones, las cuales se van definir como posdramáticas haciendo alusión al “[Quiebre] del concepto de drama y la apertura de su sentido más allá de las definiciones aristotélica y hegeliana [que] permite repensar y practicar la teatralidad” (Lehmann, 2013 p. 22). Por lo cual, se va a decir que a partir de 1940 y 1970, respectivamente, surgirán dos manifestaciones notables, el teatro del absurdo y el teatro posdramático; siendo el propósito del presente escrito exponer la relación existente entre estos dos movimientos teatrales y cómo surgen a causa de los cambios coyunturales que afrontaba la humanidad.
            Rafael Nuñez define el teatro del absurdo como “las obras que Ionesco, Beckett y Adamov escribieron en 1950” (Nuñez, 1981 p. 633). El teatro del absurdo tiene su cuna en el fin de la Segunda Guerra Mundial con Samuel Becket y su obra Esperando a Godot, cuya estética y acción reflejan el marco desolador, lúgubre y gris que enfrentaba el mundo. De acuerdo a Martin Esslin, “Vladimir y Estragón viven con la esperanza: esperan a Godot, cuya llegada irrumpirá el discurrir del tiempo” (Esslin, 1966 p. 39); sin embargo, Godot nunca llega y el cambio que Vladimir y Estragón esperan nunca ocurre. Cuando la obra fue representada en 1957 ante los presos de la cárcel de San Quentin en San Francisco, los presos pensaban que Godot era la libertad, la sociedad, el exterior, eso que tanto se espera; pero que nunca llega. La maestría de Becket con esta obra se encuentra en que es capaz de generar una atmósfera lúgubre y un sentimiento de desesperanza a través de imágenes grotescas, las cuales no ocurren por el uso de la palabra o la construcción retórica de la situación hecha por los personajes; por lo contrario, ocurre por la ruptura de todos estos elementos; pues Becket se centra en el problema del lenguaje por medio de las pausas y la falta de retórica, la carencia de sentido en el desarrollo de la situación inicial y la creación de imágenes repetidas a través de las acciones de los personajes.
            A Samuel Becket le siguieron Eugene Ionesco y Arthur Adamov con obras que cumplían con las características anteriores y profundizando en la importancia de la acción, la falta de sentido y el problema del lenguaje, de hecho, Ionesco cree que la comunicación entre los seres humanos es difícil y compleja “Yo sostengo, simplemente, que es difícil hacerse entender; pero no absolutamente imposible” (Esslin, 1966 p. 98). Es así como Ionesco explora con mayor profundidad este fenómeno, sosteniendo que es la sociedad la mayor barrera entre la comunicación de los seres humanos, son los sistemas políticos, los modelos económicos y la sociedad en general lo que evita la comunicación real y sincera entre las personas. “Ninguna sociedad ha sido capaz de abolir la tristeza humana, ningún sistema político puede liberarnos del dolor de vivir, el temor a la muerte, de la sed de absoluto” (Esslin, 1966 p. 98).
            De esta manera, pareciera ser que el teatro del absurdo se convirtiera en un movimiento premonitorio en lo que se iba a convertir la humanidad y de lo que ya era, pues si para la década de 1950 la comunicación era un acto absurdo e irracional, en la actualidad la comunicación se ha convertido en un acto superficial, hipócrita y sin sentido. Es así como el teatro del absurdo se convierte en un espejo verídico de lo que es la sociedad, esta vez no la muestra irreal, alterada o grotesca, sino que muestra la esencia del siglo XX, donde las relaciones entre personas perdieron el sentido y la vida carece de una lógica.
            Rafael Nuñez estudia con mayor profundidad los componentes que unen a estos autores y a los movimientos que darían lugar sus obras, afirmando que el teatro del absurdo tiene las siguientes características “la transformación repentina del personaje, la intensificación progresiva de la situación inicial, la inversión del principio de causalidad y el énfasis rítmico y/o emocional”. (Nuñez, 1982 p. 634). De igual manera, afirma que el propósito del teatro de lo absurdo es la expresión de imágenes poéticas a través de la estética y la repetición acciones cargadas de fuerza e intención. “Es simplemente fuerza en intensidad y acción pura, variación cualitativa constante y poder de metamorfosis” (Nuñez, 1982 p. 638). De igual manera, Nuñez afirma que el teatro del absurdo es producto directo de las vanguardias europeas, en especial del surrealismo de Bretón con algunos toques de abstracción de Kandinsky, este tipo de obras se construyen como se construye el sueño, con imágenes yuxtapuestas, sucesos y acciones que pasan de un momento a otro sin mayor explicación y un lenguaje que no obedece una lógica o razonamiento, de este hecho Ionesco se refiere “cuando escribo intento impedir que intervenga el pensamiento discursivo o la conciencia diurna, dejo seguir las imágenes tanto como sea posible” (Nuñez, 1982 p. 643).
            Por otro parte, con la llegada de la década de 1970 también llegó la posmodernidad, periodo que comprende desde el tercer cuarto del siglo XX hasta la actualidad, este periodo fue denominado así por ser contrario a la modernidad que traía el siglo XIX e inicios del XX, con formas de pensamiento centradas en la duda pragmática y el constante cuestionamiento de los postulados ya establecidos. A partir de 1970 el hombre supo que podía revelarse ante todo, la anarquía y los fuertes aires políticos que reinaban en Europa con la Guerra Fría, las invasiones norteamericanas a Vietnam y la formación de grupos guerrilleros en Latinoamérica le mostró al mundo que desde 1945 hasta 1970 que no mucho había cambiado, las grandes potencias venden la idea de que la única manera de hacer la paz es por medio de la guerra y que la única manera de traer libertad es por medio de la invasión.
            A causa de estos sucesos políticos que vienen acompañados de la guerra, también surgen nuevas manifestaciones artísticas y teatrales para ser un fiel espejo a la época. El investigador teatral Hans-Thies Lehman afirma que la posmodernidad trajo consigo la posteatralidad que, a diferencia del teatro del absurdo no tiene unas características comunes que unen a todos los movimientos, por lo cual se va a decir que el teatro posdramático es el conjunto de todas las manifestaciones teatrales que rompen con el teatro dramático que, Lehman lo define como “el teatro creado en torno a la palabra y la retórica” (Lehman, 2013 p.33). Es así como el teatro posdramático va mucho más allá de los cánones aristotélicos y las estructuras orales y lingüistas establecidas en el teatro dramático. Ahora bien, ¿Es el teatro del absurdo una manifestación del teatro posdramático? No, es un antecedente. En primer lugar, el absurdo no rompe completamente con el modelo aristotélico, de acuerdo a Rafel Nuñez, el absurdo va más allá “Es decir, consideramos el Teatro del Absurdo como una especificación más amplia del género dramático, con la que tiene en común determinados elementos (lo que lo une a la clase)” (Nuñez, 1982 p. 631-632). Además, de acuerdo a la época el teatro posdramático surge a partir de los 70’s y rompe completamente con la estructura aristotélica.
            En un principio, para Lehman el problema del teatro posdramático va ligado a la estética teatral, al igual que en el absurdo “El termino posdramático – en contraposición a la etiqueta de época del término posmoderno – hace referencia al planteamiento de un problema concreto de la estética teatral”. (Lehman, 2013 p. 35). Aquí se encuentra la primera relación existente entre los dos movimientos, pues ambos comparten la necesidad de generar sensaciones y reflexiones en el espectador a partir de la estética, la escenografía y la construcción de imágenes poéticas a través de acciones. Tal es el caso del happening y del performance, el primero encontrando su cuna en la provocación, la improvisación y el suceso “en el cual no ya la historia (story) sino lo que él llama el juego (game) – constituye su matiz generativa” (Lehmann, 2013 p. 43); en este caso la acción no es fija y puede variar dependiendo de lo que busque el espectáculo, de igual manera, comparte con el absurdo la provocación y la reflexión a través de imágenes grotescas y surreales. Con respecto al performance que “no muestra en absoluto una renuncia a la modernidad como principio, sino a tradiciones que refieren a la forma dramática” (Lehmann, 2013 p. 43) hace alusión al arte vivo o a la actuación se puede decir que usa nuevos recursos e innova en su estética para la comunicación del mensaje, lo particular de este movimiento es que explora en temas críticos que encuentra su origen en la guerra, las injusticias, el dolor y la opresión, provocando a sus espectadores e invitándolos a la reflexión, la crítica y la aceptación. Ahora bien, tanto el happening como el performance usan la innovación y el riesgo como método de construcción del espectáculo, se encuentran en constante exploración e inventiva, siendo estas características las que componen el nuevo teatro o ese pos del cual habla Lehmann.
            Cabe resaltar que tanto el absurdo como el posdramático rompieron en un principio con la escena tradicional, siendo el primero la primera fractura y el segundo el quiebre total. Con respecto al modo de apreciación de este nuevo teatro Lehmann se refiere “Un juicio de calidad no implica necesariamente acentuar las formas experimentales del teatro: se trata del análisis de una idea de teatro modificada y no de la valoración de resultados artísticos individuales” (Lehmann, 2013 p. 48). Es decir, Lehmann dice que se debe entrar a evaluar el proceso más que el resultado, partir de la pregunta y ocuparse de ella sin juzgar o menospreciar la respuesta. Pues tanto el absurdo como el posdramático fueron controversiales en sus primeras representaciones, menospreciados por la crítica y enjuiciados por el público en general, la respuesta se encuentra a que el ser humano le asusta lo nuevo y se resiste al cambio, pues como afirma Jorge Eines “Todo aprendizaje y conocimiento es resistencial”(Eines, 1997 p. 9).
            De hecho los movimientos teatrales más importantes de la escena latinoamericana surgen a partir del teatro universitario que, en su urgencia de transmitir un mensaje panfletario con un contenido político, surge la creación colectiva o devising como se conoce a nivel internacional, un nuevo método que surge a raíz de la falta de obras de teatro de autor que comuniquen el mensaje preciso que el teatro quería expresar. La cuna de este nuevo teatro en Latinoamérica surge a partir de las protestas en contra de la Guerra de Vietnam que, aunque lejos, la mayor parte de jóvenes universitarios protestaron en las calles en contra el hecho. A esto se le suma la conformación de grupos guerrilleros y el crecimiento del conflicto armado. El teatro La Candelaria y el Teatro Experimental de Cali con Santiago García y Enrique Buenaventura, respectivamente, fueron los pioneros en la creación de este nuevo teatro que, al igual que todos busca comunicar y, al parecer, cada vez los recursos anteriores no son suficientes para decir lo que se quiere decir.
            A manera de conclusión se puede decir que existe una fuerte relación entre el teatro del absurdo y el teatro posdramático que se origina en las vanguardias europeas de inicios del siglo XX y que evolucionan conforme avanza el mundo para cumplir fielmente con una de sus características, de la cual Shakespeare reza servir como espejo a la propia naturaleza. Cada época y generación tiene sus propios conflictos, por lo cual, el teatro como arte comunicativo debe manifestarse y hacerse sentir, al parecer de manera casi autónoma e inmediata, pues aunque el teatro sea una concepción al igual que la iglesia para los feligreses que va mucho más allá del templo y de las tablas, se manifiesta y se revela a sus seguidores. De seguro Becket no maquinó en su mente ni se anticipó a crear deliberadamente el teatro del absurdo, ni Thadeuz Kantor con el happening o Enrique Buenaventura con el devising. Todos estos movimientos surgieron por una necesidad casi incontenible, pues ni las críticas, ni los juicios de valor, ni mucho menos la desaprobación ha evitado que este tipo de movimientos siga surgiendo a nivel mundial para todos aquellos que busquen una relación y conexión con el teatro. De igual manera, cabe resaltar que, al igual que el mundo avanza en esta “la aldea global” (Hobsbawm, 1995 p. 25), el teatro también lo hace, es producto de una evolución constante donde bajo ningún punto de vista se desacredita o se menosprecia cualquiera de sus manifestaciones, pues cada generación tiene su manera de expresarse y mostrar su vicio y su costumbre. Cuando Hans-Thies Lehmann dice “Pero el riesgo opuesto de concebir lo nuevo únicamente como variante de lo ya conocido – especialmente en el ámbito académico – parece amenazar con juicios falsos y cegueras mucho más desastrosas” (Lehmann, 2013 p. 39). Hace alusión que, tanto el absurdo y el posdramático no niegan ni desaprueban sus antecesores, tampoco desaprueban las otras concepciones y formas de hacer teatro, por lo contrario, analizan de dónde vienen para partir un cuestionamiento que no se sabe a dónde se va a llegar. Con esto se concluye diciendo que los movimientos teatrales no surgen de manera percé; si no que encuentran su origen en su tiempo y generación.



Bibliografía

Einess, J. (1997). El actor pide. Barcelona: Gedisa Editorial.
            Esslin, M. (1966) El Teatro Del Absurdo. Barcelona: Editorial Seix Barral.
            Hobsbawm, E. (1995). Historia del siglo XX. Barcelona: Editorial Crítica.
Lehmann, H. (2013). El teatro posdramáico. México: Editorial Paso de Gato.
Nuñez, R. (1981-1982). El Teatro del Absurdo como subgénero dramático. Separata en Archivum, Revista de la Facultad de Filología. 14 pp. Oviedo.
Shakespeare, W. (2010). Hamlet. Madrid: Oficina de Villalpando. Recuperado de http://www.cm-sjm.pt/files/20/20756.pdf
             

La Fiesta de Cumpleaños

Titulo original: The Birthday Party
Autor: Harold Pinter
Género: Comedia / Teatro de lo absurdo
Año: 2005
País: Inglaterra
Idioma: inglés

Desnudos en nuestra habitación

            Cuando al dramaturgo inglés Harold Pinter le preguntaron la razón por qué sus personajes no profundizaban en ideas políticas o sociales, él respondió “ [Me ocupo de mis personajes] hasta el límite extremo de sus vidas, en donde ellos viven casi solo, es decir, en el momento que están de vuelta a sus habitaciones , enfrentados con el problema básico del ser” (Esslin, 1966 p. 230). Harold Pinter incursiona en el mundo de lo absurdo con su obra “La habitación”, donde explora con el carácter de una anciana sobreprotectora y maternal llamada Rose que atiende a su inerte marido Bert. Esta primera obra es fundamental para el dramaturgo, pues le daría paso a “La fiesta de cumpleaños”, obra en tres actos que cuenta la vida de una anciana Meg, dueña de una pensión en una casa cerca al mar. Meg, al igual que Rose, presenta una exagerada necesidad por complacer a su esposo Petey, siendo este mucho más aletargado que Bert. En su pensión se encuentra un único residente, Stanley, un hombre con un poco más de treinta años que ha hecho de esta casa su nuevo hogar. La obra se desarrolla en la sala de la pensión, cuando el día de cumpleaños de Stanley, llegan dos visitantes, Goldberg y McCann quienes organizan una fiesta de cumpleaños para Stanley, quien asegura que ese día no es su cumpleaños.
            Harold Pinter usa la vida de estos personajes para interiorizar en la esencia del ser humano y, expresar a través de situaciones cotidianas lo absurdo y fútil que pueden llegar a ser los comportamientos de la personas, y para esto es importante estudiarlos en su condición más vulnerable, cuando están sólos en la intimidad de sus hogares, donde pueden ser ellos mismos y pueden indagar dentro de sí. Por lo cual en el siguiente escrito se va enfocado a explicar ¿Cómo el comportamiento cotidiano se convierte en absurdo cuando la persona se encuentra en la intimidad de su hogar usando la obra “La fiesta de cumpleaños”?
            La obra comienza con el desayuno de Petey servido por su esposa Meg en la sala, donde Meg se muestra muy inquieta por saber cómo se encuentran sus cornflakes con leche o su pan tostado, además es maternal y sobreprotectora con su esposo, cuidando cada detalle a la hora de servir. Al igual que Beckett y Ionesco, Harold Pinter expone el problema del lenguaje, donde una pregunta ya no importa porque su respuesta carece de sentido.
            Meg: I thought they’d be nice (She sits at the table) You got your paper?
            Petey: Yes
            Meg: Is it good?
            Petey: Not bad.
            Meg: What does it say?
            Petey: Nothing much.
            Meg: You read me out some nice bits yesterday (Pinter, 1961 p. 9-10)
            No hace falta ser un genio para saber que hay un problema de comunicación, donde ni siquiera se sabe si se dice lo que hay que decir, o se dice otra cosa. La propuesta de Pinter es que en la actualidad, eso ni siquiera importa, y lo más gracioso es que, a quien interpela, tampoco le importa la falta de interés de su interlocutor, es como si ella no escuchara.
            Avanzando en el acto se presenta el personaje de Stanley, un señor de treinta y tantos que, aparentemente es pianista y que solía tocar grandes conciertos en el muelle, cerca a la pensión; vive con Meg y Petey hace más de un año y en todo ese tiempo nunca ha salido de la casa. Cuando Lulu, una chica que va a dejar un objeto macizo a la casa, lo invita a salir, él dice que el mejor lugar para ir es ninguno, y que sólo a ése lugar se dispondrá a salir con su acompañante.
            Stanley: Nowhere. Still, we could go
            Lulu: But where could we go?
            Stanley: Nowhere. There’s nowhere to go. SO we could just go. It wouldn’t matter (Pinter, 1961 p. 27). Para Martin Esslin, el problema de que Stanley no quiera salir de la casa o busque ir a ningún lugar, es porque el mundo exterior le aterra, los desconocidos le aterran, y es en esa pensión, donde se podría decir que “no lo conocen”, lejos de todo el mundo, es donde él ha encontrado refugio.  “Stanley sueña con una gira por el mundo. Pero resulta claro que está protegido contra un mundo hostil en el sórdido asilo de Meg” (Esslin, 1966 p. 218). Para el final del primer acto, llegan dos nuevos inquilinos Goldberg y McCann que junto a Meg van a organizar una fiesta de cumpleaños para el pianista. Con la llegada de estos inquilinos, Stanley se mantiene alerta, se muestra incómodo y le causan fastidio.El lector/espectador puede dilucidar que Stanley conoce a los hombres y que por eso no quiere que lleguen; sin embargo, Stanley dice que no puede conocerlos, pues ni siquiera conoce sus nombres y de seguro nunca los ha visto.
            En el segundo acto, ya con los nuevos inquilinos Stanley se muestra asustado, como un conejillo de indias acorralado que suplica que se vayan rápido del lugar. “Stanley: Staying here long?” (Pinter, 1961 p. 40). Pues por alguna extraña razón, ya que no es claro para el lector, los dos hombres conocen de algún lugar a Stanley y buscan llevárselo, además de encararlo con un fuerte interrogatorio sin sentido que raya en lo violento y podría pasar a lo brutal. Partiendo de este hecho, es pertinente decir que la obra tiene cierto aire misterioso y terrorífico, pues Pinter es capaz de generar cierta tensión entre los personajes, donde al parecer, ninguno se da cuenta de lo que está pasando; pero sin embargo, obran de acuerdo a su voluntad.
            Para el tercer acto, Meg sigue como la buena anfitriona que espera dar una buena fiesta; pero no se ha dado cuenta que su inquilino Stanley ha sido llevado por Goldberg y McCan en un auto negro.
            Meg: The car’s gone.
            Petey: Yes.
            Meg: Have the gone?
            Petey: Yes.
            (...)
Meg: Oh. Pause. It was a lovely party. I haven’t laughed so much for years. We had dancing and singing. And games. You should have been there. (...) I was the belle of the ball (...) I know I was. (Pinter, 1961 p. 90-91)
Ahora bien, se puede afirmar que la obra es una consecuencia del estado del hombre por la reprensión y la repetibilidad, es deicr, Meg obra como la perfecta ama de casa, un poco parecida a Winey de “Días felices” de Samuel Beckett, hay cierto aspecto perturbador en el personaje por intentar obrar de manera perfecta, como si no se diera cuenta que es lo que ocurre a su alrededor, ya que nadie es perfecto. Además, la repetición de un lenguaje sin sentido y una retórica que no lleva al ser humano a ningún lugar.
Por otra parte, de acuerdo a Martin Esslin, la obra es “Una alegoría de la muerte - el hombre arrebatado del hogar que se ha construido él mismo” (Esslin, 1966 p. 219). Esto, con la teoría de que el hombre no puede ser, pues el personaje de Stanley ha encontrado refugio del mundo exterior por más de un año en una acogedora pensión cerca al mar; pero es rapado por un par de desconocidos que le ponen entre paradojas como ¿Qué fue primero?. Es así como uno se pregunta ¿Acaso el hombre moderno no puede ser en la sociedad actual? De acuerdo a la obra, el hombre moderno está regido por una serie de comportamientos absurdos, con serios problemas en el lenguaje y con una necesidad insatisfecha por ser. Por lo cual, Pinter manifiesta en sus obras lo absurda que es la vida, no como un suceso fatalista; sino como un suceso que muestra una realidad carente de sentido, ya que la misma cotidianidad lo ha perdido. “Si la vida en nuestra época es básicamente absurda, cualquier representación dramática de la misma que presente soluciones (...) contiene forzosamente un elemento de hipersensibilidad, expurgada y estilizada, puede pretender ser comprensible” (Esslin, 1966 p. 231)
1945 le dejó un mensaje muy claro al mundo “Ningún lugar es seguro”, esto lo entiende muy bien Stanley, y si uno no puede estar seguro ni en la comodidad de su casa, mucho menos va a poder desarrollarse desde ahí. “La fiesta de cumpleaños” muestra cómo el hombre no puede ser, pues si uno no puede estar a salvo en su propio hogar, ¿Dónde más va a ser?
Bibliografía

Pinter, Harold. The Birthday Party and The Room, Two Plays by. New York, Grove Press, Inc, 1961
Esslin, Martin. El Teatro Del Absurdo. Barcelona, Editorial Seix Barral, 1966.
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Esperando a Godot

Recuperado de ver sitio
Titulo: original En attendant Godot 
Autor: Samuel Becket
Género: Comedia /Absurdo
País: Inglaterra
Idioma: Francés 
Páginas: 43


Cuando el lenguaje ya no basta

            El 19 de noviembre de 1957 se presentó en la penitenciaría de San Quentin en San Francisco (CAL)  Esperando a Godot de Samuel Beckett ante 1400 convictos. La obra tuvo un éxito rotundo, fue tanta la acogida de la obra que los convictos usaban las nombres de Vladimir y Estragón, protagonistas de la obra, como jergas y sobrenombres entre ellos mismos. Martin Esslin en la introducción de su libro The theater of absurd expone esta hecho y cita al periódico The San Francisco Chronicle de la siguiente manera “One prisoner told him, ‘Godot is society’. Said another: ‘He’s the outside’” (Esslin, 1969 p. 2).
Cinco años de la muestra en San Quentin se publicó en París En attendant Godot en su nombre original o Esperando a Godot. Inicialmente, la obra tuvo mala recepción por parte del público, los contemporáneos de Samuel Beckett decían que era claro que la obra reflejaba el problema del lenguaje; sin embargo, ese problema estaba más presente en la escritura del autor quien escribió una obra en una lengua extranjera, que el problema del lenguaje en sí. A esto Beckett responde “Parce qu’en fracais c’est plus fácile d’écrire sans style” (Esslin, 1969 p. 19) Es decir, ése problema del lenguaje que Beckett quería transmitir sólo era posible si él escribía en una lengua extranjera, pues así podría escribir sin estilo.
Aún así, con el problema del lenguaje o la versión original en francés versus la traducción en inglés, ¿Qué fue lo que cautivó a los presos de San Quentin en San Francisco? ¿Qué hace que la obra de Beckett sea tan admirada por unos y tan desvalorizada por otros? A estas preguntas, es importante agregar que el 30 de diciembre de 1964 se presentó otra vez Esperando a Godot en el Royal Court de Londres, pero en 1955 en su estreno oficial la obra fue tildada de “oscura, incomprensible y sin conflicto”.
Pues bien, a lo largo de este escrito se va encontrar la relación existente entre la guerra, el problema del lenguaje y el teatro de lo absurdo en la siguiente pregunta ¿Cuál es el mensaje que transmite Esperando a Godot?
En 1945 París fue liberada de la ocupación Nazi y los Estados Unidos se habían proclamado como los vencedores del conflicto. En el otoño de ese mismo año, Samuel Beckett regresa a Francia para trabajar como voluntario en el hospital Saint-Lô al norte del país, y en invierno regresa a París. Entre 1945 y 1949 Beckett iba a escribir cinco de sus obras más importantes, Esperando a Godot, Fin de partida, Eleutheria, Molloy y Malone muere, todas ellas en francés, pues para Beckett el escribir en inglés,  sus obras podían adquirir cierto estilo, tono político o religioso que ya caracterizaba a otros escritores irlandeses como James Joyce, del cual Beckett fue pupilo y admirador. En el francés, Beckett encontró una lucha constante y dolorosa para poder expresar un mensaje con claridad; sin embargo, fue esa lucha y contradicción que Esperando a Godot muestra.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, Europa había quedado devastada, París tenía un olor a guerra, a sangre, a muertos y un color gris peculiar sobre sus calles. Después de 50 millones de muertos el mundo no podía seguir igual, reinaba cierta desconfianza, cierta desesperanza. La vida ya no valía lo mismo. A causa de estos acontecimientos, la retórica y la palabra habían perdido todo valor. Los grandes discursos de políticos de la talla de Churchill y de Roosevelt ya no tenían el mismo impacto en las masas, aunque hablaran de paz, de vida, de esperanza, ya no había vuelta de hoja. El mundo había perdido su sentido común, las personas ya no obedecían a una lógica común y LA VIDA YA NO VALÍA NADA Y EL MUNDO SE HIZO ABSURDO.
Albert Camus en El mito de Sísifo dice: “El divorcio entre el hombre y su vida, el actor y su escenario, ciertamente constituyen un sentimiento de absurdidad” (Esslin, 1961 p. 5). Haciendo referencia a la falta de propósito en las cosas que se hacen, es decir, el hombre trabaja porque tiene que trabajar, come porque tiene que comer y vive “porque no está muerto”. La mecanicidad, la industrialización y el paso a la modernidad fue la herencia del siglo XIX, y el siglo XX se cocinó y estalló a presión, el mundo empezó a correr más rápido y no espero a nadie, ni siquiera a la humanidad.
En este ambiente oscuro, gris y desolador surgen escritores como Samuel Beckett, Eugene Ionesco, Artur Adamov, Jean Genet en Europa y más adelante Harold Pinter en Estados Unidos entre los más importantes. Estos escritores tenían algo en común, su manera de escritura y concepción sobre el teatro, las situaciones y su conflicto. Rafael Nuñez define el teatro del absurdo de la siguiente manera “Con este término nos referimos principalmente a las obras que Ionesco, Beckett y Adamov escribieron en 1950” (Nuñez, 1981 p. 633).
Todos escritores trabajan sobre la carencia de lógica en el desarrollo de la acción de sus obras, trabajan desde la estética para generar imágenes poéticas y sus personajes carecen de una construcción lógica del pensamiento. Martin Esslin que si el teatro es el espejo de la naturaleza humana, el teatro de lo absurdo es la representación de nuestro propio tiempo, por mostrar la manera grotesca, oscura y decadente en lo que se ha convertido el mundo “The theater of the absurd, however, can be seen as the reflection of what seems to be attitude most genuinely representative of our own time” (Esslin, 1969 p. 4).
Esperando a Godot sitúa a dos personajes, Vladimir y Estragón con apariencia de mendigos en un lugar lleno de escombros que esperan al lado de un árbol a Godot, un personaje que nunca llega. Durante esta espera aparecen otros dos personajes Pozzo y Lucky, siendo el primero el jefe y el segundo su esclavo. Pozzo dice que es el dueño de la tierra en la cual están Valdimir y Estragón, aquí Pozzo obliga a su esclavo Lucky a bailar y a cantar, el cual dice
Lucky:  (En tono monotono) Dada la existencia tal como surge de los recientes trabajos públicos de Pinçon y Wattmann de un Dios personal cuacuacuacua barba blanca cuacua fuera del tiempo del espacio que desde lo alto de su divina apatía su divina atambía Su divina afasia nos ama mucho con algunas excepciones no se sabe por qué pero eso llegará y sufre (...) Seine Seie-et-Oise Seine-et-Marne Marne-etQise asaber al mismo tiempo paralelamente no se sabe por qué de adelgazar encoger vuesvo Qise Marne en una palabra la pérdida seca por barba desde la muerte de Voitaire siendo del orden de dos dedos cien gramos (Becket, 2001 p. 14)
Lucky es la más clara expresión de carencia de un lenguaje lógico en un personaje, pues su intervención no dice nada en concreto, los demás personajes también carecen de una lógica en la construcción del lenguaje; sin embargo, en Lucky se puede apreciar con mayor fuerza la falta de un lenguaje coherente y lógico. Pues el teatro del absurdo no desea transmitir un mensaje por medio de la retórica; sino por el uso de imágenes y situaciones oscuras, que al igual que en Valle-Inclán se pueden tomar como grotescas. La sola imagen de Vladimir y Estragón royendo un hueso de pollo que vota Lucky, el esclavo de Pozzo, en medio de un lugar lleno de escombros, es bastante grotesco.
Por lo cual, se puede decir que lo importante en este tipo de teatro no es el lenguaje, ni la situación, sino el mensaje a través de las imágenes, pues son estas las que transmiten con mayor crudeza todas las ideas del autor mil veces mejor que con un discurso retórico. Una imágen vale más que mil palabras, por ejemplo, si googleamos “Segunda Guerra Mundial”, son las imágenes de barracas, gente tras alambres de púas, muertos esqueléticcos apilados, escombros con niños llorando, nos muestra toda la barbarie que Eric Hobsbawm describe  como el siglo de las guerras.
Si se vuelve a las preguntas del inicio ¿Qué fue lo que cautivó a los presos de San Quentin en San Francisco? ¿Qué hace que la obra de Beckett sea tan admirada por unos y tan desvalorizada por otros?, se puede decir que los presos entienden perfectamente ese sentimiento de abandono y desesperanza, por eso cuando un preso dice: “Godot es afuera”, es decir, la libertad, es porque ellos saben que es algo que jamás va a llegar, cuando otro preso dice: “Godot es la sociedad”, es porque la sociedad les ha dado la espalda y nunca los ha vuelto a ver con ojos de humanidad. Y si los críticos ingleses de 1955 afirman que la obra carece de conflicto y situación, es porque el hombre está acostumbrado a encontrar una explicación lógica a todo, quiere saberlo todo y darle una razón a todo; pero Esperando a Godot no describe una situación en específico, ni se habla de un personaje en específico. Es claro que la obra surge de la desesperanza de la guerra, pero dentro de la obra no hay una guerra, Vladimir y Estragón no son soldados sobrevivientes a la guerra, ni Godot es Dios como muchos críticos han interpretado de manera ingenua en primera instancia. Beckett afirma que si él hubiese querido hablar de Dios y de la guerra lo hubiera hecho de manera concreta; pero la magia de Esperando a Godot reside en las afirmaciones que hacen los presos de San Quentin, Godot puede ser cualquier cosa y Vladimir y Estragón puede ser cualquier persona, porque lo importante no es buscar una interpretación o un personaje, sino dejarse tocar por la imágenes oscuras y grotescas que transmiten un sentimiento de desolación.
A manera de conclusión, se puede decir que el teatro del absurdo es esa respuesta a la expresión de aquellas cosas que no se pueden expresar con simples palabras, donde la retórica ya no funciona, porque los maestros de la retórica fallaron en alguna manera, los discursos de paz y las palabras de aliento por parte de los líderes mundiales fueron falsas y el mundo ya no cree en la retórica discursiva. Por lo cual, el teatro de lo absurdo responde a ese llamado para decir lo que no se puede decir con simplemente con las palabras, y una de esas primeras respuestas fue Esperando a Godot que hasta la actualidad muestra hacia dónde va la humanidad.
Estragón: Bien, ¿nos vamos?
Vladimir: Sí, vámonos.
[No se mueven] (Beckett, 2001 p. 31)
Bibliografía

            Beckett, Samuel. Esperando a Godot. Recuperado de https://germanjusto.files.wordpress.com/2010/06/esperando-a-godot-beckett.pdf
Esslin, Martin. The theatre of the absurd. New York: Vintage Books, 1969.
Nuñez, Rafael. “El Teatro del Absurdo como subgénero dramático”. Separata en Archivum, Revista de la Facultad de Filología. 14 pp. Oviedo, 1981-1982.