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lunes, 18 de marzo de 2019

De la poética de Aristóteles hasta el teatro del absurdo



            El siglo XX es el siglo de las guerras y las matanzas más grandes que ha visto la historia de la humanidad, en consecuencia se presentaron grandes avances científicos y tecnológicos que cambiaron la manera de vivir de las personas y la manera de apreciar su entorno. Se puede decir que en el siglo XX hay una gran ruptura que deja un antes y un después en la historia de la humanidad como ningún otro siglo de la historia. Estos cambios no sólo afectaron a la ciencia y la tecnología; sino que también afectaron a las artes, la literatura, la filosofía y el teatro, pues el siglo XX también vería nacer a las vanguardias europeas o movimientos artísticos que transformarían los cánones  y las maneras en las cuales se concebía el arte y la escritura; cánones que venían heredados de los grandes filósofos y pensadores griegos desde el principio de la civilización y que se les volvió a dar importancia con la llegada del renacimiento en el siglo XIV en Florencia (Italia), donde se iba a reconocer a los griegos como punto de partida en las diferentes disciplinas como la filosofía, la literatura, la arquitectura, las artes y el teatro. Ahora bien, con la llegada del siglo XX, estos cánones se fueron transformando, evolucionando o transgrediendo completamente, pues el mundo y su historia pedían un cambio. De igual manera, se conoce bien que el teatro es el arte comunicativo por excelencia, pues su propósito es, como dice Shakespeare, “servir de espejo a la propia naturaleza” (Shakespeare, 1941 p. 578) y desde los griegos hasta los tiempos que corren ha servido para contar y representar la historia de la humanidad, siendo fiel a su época y su costumbre. Por lo cual, el siguiente ensayo busca analizar cuál es el salto y la necesidad que presenta el teatro desde Aristóteles hasta el surgimiento del teatro del absurdo en su manera de contar la historia.
            Aristóteles habla sobre el teatro como el arte poético por excelencia pues surge de la mímesis que hace la poesía de la vida de los hombres, sus conflictos e historias son paralelas a las realidades que ocurren en el día a día. En la Grecia de Aristóteles surgen varias expresiones poéticas como la epopeya, el ditirambo, la comedía, la elocución y la poesía trágica, que se valen del ritmo la música y el canto para ser representadas y que tienen como objetivo contar historias. Aristóteles se enfoca a explicar el surgimiento y evolución de las tragedias griegas que cuentan la caída de héroes y dioses por grandes errores cometidos y que no se pueden escapar de su destino. Por ejemplo, se encuentra Orestes siendo enjuiciado por las furias por haber matado a su madre y a su tío, o a Edipo por haber matado a su padre y haber engendrado a su madre. En consecuencia, Aristóteles analiza a profundidad las tragedias, sus hechos, sus protagonistas y sus intérpretes, y obtiene como conclusión que lo más importante en estas tragedias es la fábula, que se define como “la mimesis de la acción, pues llamo aquí “fábula” a la composición de los hechos” (Aristóteles y Horacio, 2003 p. 63). Es decir, Aristóteles afirma que lo importante es la historia, lo que la tragedia cuenta y que lo más sobresaliente a la hora de ser representada, no son sus intérpretes o sus ritmos (refiriéndose a la manera de entonar y musicalizar los coros), si no los hechos o lo que se quiere contar con la tragedia.
La fábula no es una, como algunos creen, si se relaciona con uno solo, pues muchas e infinitas cosas le ocurren a uno solo, a partir de algunas de las cuales no hay unidad, y del mismo modo también hay muchas acciones de uno solo de las que no se produce una acción única. (Aristóteles y Horacio, 2003 p. 71)
Es así como Aristóteles, después de sus análisis y discursos sobre el teatro, propone una estructura en la cual éste debe ser escrito, la cual cuenta con un inicio o la exposición de los hechos, en la cual se presentan a los personajes y su entorno, un desarrollo de los hechos o la razón por la cual los héroes o dioses caen en desgracia y un final o el resultado de los hechos. Esta estructura aristotélica ha sido usada por siglos a la hora de escribir tragedias, fábulas, comedias, poesía y teatro y, aunque sus variantes han sido mínimas, la manera en la cual se estructura no ha cambiado en nada, pues como se puede apreciar lo importante para Aristóteles son los hechos.
La estructura aristotélica se posicionó como una máxima o la hora de escribir, y fue usada siglos y siglos después de la caída de las civilizaciones griegas y romanas hasta llegar al medioevo, con la llegada el renacimiento se le prestó aún mayor importancia a los postulados de Aristóteles y su estructura se estableció como la manera correcta de escribir teatro e historias, pues la poesía que Aristóteles concibió en un principio se diversificaría y pasaría a convertirse en varios de los actuales géneros literarios. De la estructura aristotélica se beneficiaron grandes dramaturgos y escritores de la literatura universal como William Shakespeare, Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Goethe por mencionar algunos, donde sus historias y personajes maravillaron al mundo entero. Con el cambio de siglo se levantaban escritores, dramaturgos y artistas que expresaban por medio de su arte el entorno y las situaciones coyunturales que vivían en su época. Por ejemplo, Schiller y Victor Hugo fieles representantes del romanticismo europeo son hijos de la revolución industrial, donde el carbón pasa a ser usado como combustible de máquinas que reemplazan a los hombres en las fábricas, y cuyas historias retratan a una sociedad en contexto.
Con la llegada del siglo XX, Europa se enfrentaría a dos guerras que, hasta la fecha han marcado y, de alguna u otra manera, han involucrado a la población mundial hasta el día de hoy. Con las guerras llegarían la innovación  y tecnificación bélica que, en pocas palabras es cómo matar a más personas con menos esfuerzo y la tecnificación en comunicaciones y las ciencias. Este tipo de cambios cambiarían drásticamente las vidas de las personas, pues el siglo XX es “la revolución de los sistemas de transporte y comunicaciones, que prácticamente han eliminado el tiempo y la distancia (pero que; sin embargo) está teñida de insatisfacción y desconfianza hacia el futuro” (Hobsbawm, 1995 p. 22). Lo más contradictorio del siglo XX es que a mayor avance científico hay una menor confianza con respecto al futuro y a la humanidad, el siglo XX le demostró a la humanidad que 50 millones de personas no son suficientes para acabar el odio irracional entre naciones y que la mejor manera de hacer la paz con tus vecinos es creando la guerra con tus adversarios. De acuerdo a Eric Hobsbawm “el viejo siglo no ha terminado bien” (Hobsbawm, 1995 p. 26)
Como el panorama es desolador y lúgubre en el siglo XX, el teatro que surge inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial es el teatro del absurdo con Samuel Becket y Eugene Ionesco en un principio, pues es un teatro que ya no cuenta una historia redonda con un inicio, desarrolla y final; por lo contrario muestra la visión poética del dramaturgo respecto a algún tema en específico a partir de la construcción de imágenes y acciones repetidas que se sale de toda lógica común o línea cronológica de tiempo. Por ejemplo, Esperando a Godot  de Samuel Becket cuenta la espera de dos personas de un ser que nunca llega en un lugar desolador y lúgubre, lleno de basura y escombros. Lo poético de esta obra no está en su historia, sino en las imágenes construidas no a través de la palabra, sino a través de los objetos y las acciones puestas en escena por los intérpretes, es así como un árbol en medio de la nada con escombros y basura transmite un mensaje claro en Esperando a Godot sin la necesidad de la elocución o el texto escrito.
 El teatro del absurdo comienza con Becket y Ionesco y va a romper con la estructura aristotélica de escribir teatro, pues no va a contar con un inicio, nudo y desenlace, y sus personajes ya no van a ser héroes, ni dioses ni villanos ni personas importantes, sino personas del común. En consecuencia, el teatro del absurdo ya no se va a valer de la oralidad para contar una historia, sino de la construcción de imágenes poéticas a través del uso de objetos, por ejemplo, Vladimir y Estragón  de Esperando a Godot jamás describen el lugar en el cual se encuentran, es el autor que en sus acotaciones describe específicamente con qué debe contar el set o el escenario de representación, no es su interpretación de los textos o la tristeza que reflejen sus rostros los que transmiten la desolación y el despojo, sino las acciones de Vladimir royendo un hueso de pollo que Pozzo le arroja y Lucky hablando incoherencias. Aun así, la forma clásica de hacer teatro y el teatro del absurdo tienen algo en común, lo más importante en ambos es el mensaje que transmiten a través de su representación, el primero hace uso de la palabra e interpretaciones y el segundo a través de objetos y acciones.
De acuerdo a Martin Esslin el teatro del absurdo no busca romper la infraestructura aristotélica, sino transformarla en su manera de hacerla (Esslin, 1996). Es decir, aunque el teatro del absurdo rompa la lógica de hacer y escribir teatro, lo que prima es la “fábula” como dice Aristóteles, pero esta vez no va a ser representada a través de la historia o la oralidad, sino a través de la teatralidad.
Por otra parte, aunque el punto coyuntural de la fábula o el mensaje es lo que une principalmente al teatro clásico y al absurdo, los personajes y la línea de tiempo son las características que los separa, por ejemplo, mientras en el teatro clásico los personajes cuentan con individualidad, estabilidad y  funcionalidad, en el teatro del absurdo los personajes van a carecer de estas características, pero van a tener una “transformación repentina y carente de lógica, una intensificación progresiva de la situación inicial, una inversión del principio de causalidad y un énfasis rítmico y/o emocional” (Nuñez, 1982 p. 634).
Finalmente, se puede decir que el salto que presenta el teatro clásico hasta el teatro del absurdo es consecuencia de los cambios y rupturas que fuertes que dejó el siglo XX, pues es el siglo que mayor avance científico y tecnológico presenta. Pues se puede afirmar que el teatro del absurdo es hijo de la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde el panorama mundial era desolador y había un quiebre que ya no se podía reparar, por lo cual, la manera de contar historias y hacer teatro debía corresponder a este tiempo y a esta situación, pues el mundo ya no quería escuchar largos diálogos alentadores y hermosos pertenecientes al romanticismos del siglo XIX o personajes profundos y complejos del teatro isabelino, ¡No! El mundo estaba en shock por perpetrar tantas barbaries y crímenes, el mundo ya no podía escuchar más, era la hora de transmitir mensajes a través de las imágenes, la ruptura de la lógica, la construcción poética a través de acciones, de aquí parte esta necesidad, o como dice Rafael Nuñez  “Es simplemente fuerza en intensidad y acción pura, variación cualitativa constante y poder de metamorfosis” (Nuñez, 1982 p. 638) 

Referencia bibliográfica
Aristóteles y Horacio. Artes poéticas. Ed. Aníbal González. España: Visor libros. Recuperado de https://alojamientos.uva.es/guia_docente/uploads/2013/440/41702/1/Documento.pdf
Esslin, Martin. El Teatro Del Absurdo. Barcelona, Editorial Seix Barral, 1966.
Hobsbawm, E.J. Historia del siglo XX. Trad. Juan Faci, Jordi Ainaud, Carme Castells. Barcelona: Crítica, 1995.
Nuñez, Rafael. “El Teatro del Absurdo como subgénero dramático”. Separata en Archivum, Revista de la Facultad de Filología. 14 pp. Oviedo, 1981-1982.


Vista panorámica del siglo XX

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Análisis sobre la lectura “Vista panorámica del siglo XX” introducción del libro Historia del siglo XX por Eric Hobsbawm

            El siglo XX, en palabras de expertos historiadores, filósofos, antropólogos, científicos, escritores y músicos europeos, es el siglo más violento de la historia de la humanidad, marcado por dos grandes guerras que, aunque no todo el mundo haya participado en ellas, gran parte del mundo actual es hijo de esas guerras, además del impacto que causó en la sociedad  la descomposición y las crisis producto de la caída de la URSS. Por lo cual, es el propósito del escritor “comprender y explicar por qué los acontecimientos ocurrieron de esa forma y qué nexos existe entre ellos” al igual que la falta de memoria histórica que subyace en la mayoría de la actual generación. (Hobsbawm, 1995 p. 13).
Cuando Eric Hobsbawm afirma que “Somos parte de este siglo que es parte de nosotros” (Hobsbawm, 1995 p. 13) se refiere a que las nuevas generaciones, aquellas que nacieron después de 1980 y que hacen parte del nuevo milenio, olvidan su proceder y carecen de memoria histórica, ya que el producto cultural, social, económico y tecnológico provienen de sucesos un poco a la izquierda de la década de 1950 y que en 1962 el filósofo Marshall MacLuhan había predicho lo que hoy es el nuevo siglo “la aldea global” (Hobsbawm, 1995 p. 25) refiriéndose a las revoluciones de las telecomunicaciones y el transporte, donde cada vez existen menos  fronteras. Aun así, a pesar de los avances y las maravillas que se posee en la actualidad, el siglo XX ha dejado un sin sabor en la memoria de todos aquellos que lo vivieron.
Aunque para 1980 la mayor parte de personas viven mejor que sus padres, tienen una mayor esperanza de vida, tienen acceso de manera más fácil a la información y se pueden llamar alfabetizados; no se puede olvidar que 76 años atrás la población se enfrentaba al primer conflicto bélico que involucraba a la mayor parte de la población mundial. Como consecuencia, el 28 de junio de 1992 el presidente francés François Mitterrand realiza una visita a Sarajevo, uno de los escenarios de la Primera Guerra Mundial, en el cual se conmemoraba el aniversario del asesinato del archiduque de Austria-Hungría Francisco Fernando que desataría el inicio de la guerra y el derrumbe la civilización occidental del siglo XIX (Hobsbwam, 1995). Sin embargo, para muchos en 1992 la fecha y el suceso pasó desapercibido; sólo historiadores y supervivientes del suceso se darían cuenta del hecho histórico realizado por François Mitterrand, es aquí cuando Eric Hobsbawn afirma “La memoria histórica ya no está viva” (Hobsbawm, 1995 p. 13), por lo cual es menester de los historiadores recordar a los presentes de dónde venimos, aunque el futuro sea incierto, pues “El viejo siglo no ha terminado bien” (Hobsbawm, 1995 p. 26)
Cuando el 30 de enero de 1933 Adolf Hitler es proclamado canciller y Alemania entra en el totalitarismo por parte del nazismo, el mundo va a perpetrar el mayor genocidio jamás visto en la historia, el exterminio de una población y un saldo de 50 millones de personas muertas. Como consecuencia del nazismo en el poder estalla la Segunda Guerra Mundial y va a significar el momento más decisivo en la historia del siglo XX, pues representaría el suceso con mayor crecimiento económico en la época y provocaría el mayor impacto cultural y social, pues por primera vez se enfrentarían el capitalismo y el comunismo como enemigos irreconciliables y dejaría a Estados Unidos como el invicto vencedor “Estados Unidos (…) conquistaría el mundo durante el siglo XX” (Hobsbawm, 1995 p. 24) y pasaría a ser “El siglo americano” (Hobsbawm, 1995 p. 24), y ya no sería Europa quien trace los lineamientos políticos, sociales, económicos y culturales en el mundo, pues el viejo continente pasaría de “1/3 a 1/6 como máximo de la humanidad” (Hobsbawm, 1995 p. 24) y los Estados Unidos y el capitalismo mantendrían su preponderancia como potencia e ideología económica.
Además, es de vital importancia nombrar a otro de los protagonistas en esta segunda guerra y es la URSS que había surgido como superpotencia una vez terminada la guerra, pues fue un instrumento indispensable para derrotar a Hitler. Por un momento fugaz la URSS con su bando socialista abarcaría la tercera parte de la población mundial y su economía superaría la estructura capitalista (Hobsbawm, 1995). Sin embargo, la Guerra Fría y las revoluciones sociales pondrían punto final a la URSS y al socialismo. Es aquí cuando el escritor habla de las crisis y ésa tercera parte del tríptico que hace parte del siglo XX, pues la caída del socialismo soviético dejó consecuencias nefastas y sería el origen de una crisis mundial, paralela a la edad de oro económica que estaba atravesando Estados Unidos. “La crisis afectó a diferentes partes del mundo en formas y grados distintos, pero afectó a todas ellas”. (Hobsbawm, 1995 p. 19)
La caída de la URSS y el fracaso del socialismo dejarían como consecuencia inmediata “el desempleo masivo, graves depresiones clínicas y el enfrentamiento cada vez más encarnizado entre los mendigos sin hogar y las clases acomodadas” (Hobsbawm, 1995 p. 20). Paralelo a los sucesos de crisis surgen también nuevos avances tecnológicos provenientes de la potencia Norteamericana, y serían los Estados Unidos quien entrarían a marcar la pauta a nivel mundial, rompiendo fronteras y conectando al mundo.
En conclusión el siglo XX le mostró a la humanidad de todos los vejámenes que es capaz el ser humano y cómo éste mismo puede afrontarlos y vivir y con ellos; para después, desafortunadamente, olvidarlos.
Como este siglo nos ha enseñado que los seres humanos pueden aprender a vivir bajo las condiciones más brutales y teóricamente intolerables, no es fácil calibrar el alcance del retorno (que lamentablemente se está produciendo a ritmo acelerado) hacia lo que nuestros antepasados del siglo XIX habrían calificado como niveles de barbarie. (Hobsbawm, 1995 p. 23)
Finalmente, ése es el punto principal del autor, cómo el ser humano es capaz de olvidar sus hechos para luego repetirlos, cómo a pesar de que las nuevas generaciones tienen acceso ilimitado a la información hay una menor producción de conocimiento, y aun cuando más se pueden recordar los hechos que marcaron pauta en la sociedad, se tienen a olvidarlos.
¿Cómo explicar, pues, que el siglo no concluya en un clima de triunfo, por ese progreso extraordinario e inigualable, sino de desasosiego? ¿Por qué, como se constata en la introducción de este capítulo, las reflexiones de las mentes brillantes acerca del siglo están teñidas de insatisfacción y de desconfianza hacia el futuro? (Hobsbawm, 1995 p. 22)

Referente bibliográfico
            Hobsbawm, E.J. Historia del siglo XX. Trad. Juan Faci, Jordi Ainaud, Carme Castells. Barcelona: Crítica, 1995.


En la jungla de las ciudades

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El teatro documental
           
            Entre 1914 y 1918 Europa enfrentaba el primer conflicto bélico del siglo que involucraba a las grandes potencias del siglo XX dejando como único perdedor al ya fracturado Imperio Alemán. Como consecuencia de este primer conflicto surgió el Tratado de Versailles, tratado que se firmó en 1919 por más de 50 países y que obligó a Alemania a pagar la cuantiosa suma de 132 mil millones de marcos alemanes por los daños causados en la Primera Guerra Mundial. Este tratado dejó en banca rota al Imperio Alemán, y la República Weimar ya había dejado atrás los tiempos de bonanza y gloria del gran Otto Von Bismark. A causa de la escases de alimentos, los campos destruidos y alrededor de 10 millones de muertos por parte de los países combatientes, los campesinos y agricultores empezaron a migrar masivamente a las grandes ciudades en busca de oportunidades y un mejor futuro y, los más afortunados, pudieron migrar al nuevo continente con esperanzas de triunfar.
Es así como las ciudades empiezan a llenarse de extranjeros y comienzan a surgir las grandes ciudades cosmopolitas, con la llegada de nuevos habitantes a las ciudades y la gran demanda de entretenimiento, se empezó a pensar por la construcción de grandes teatros para la interpretación de obras clásicas enfocadas en el divertimento de clases burguesas y las elites de la sociedad. Con el auge del teatro después de la Primera Guerra, también empezaron a surgir nuevos dramaturgos, escritores y literatos que, de acuerdo a su tiempo, empezaron a escribir conforme a las necesidades de la sociedad. En consecuencia y de acuerdo a esta necesidad, se levantaría Bertolt Brecht, el escritor que sería recordado como el dramaturgo más importante del siglo XX, pues sus obras, postulados y técnicas trasciendes hasta el día de hoy. De acuerdo a Brecht “El teatro no ha aprovechado la gran oportunidad que ha tenido de encontrar, a partir de nuestras obras, un nuevo estilo para su habitual repertorio clásico. Se ha limitado a utilizar su viejo estilo para echar a perder nuestras obras” (Sánchez, 1999 p. 265). Es decir poner en perspectiva ¿Qué significan los clásicos para nuestro tiempo y cuál es el mensaje que le dan a cada generación? De esta manera, el dramaturgo alemán empieza a experimentar y a escribir un teatro diferente con un contenido político, un teatro que sea acorde al tiempo y a la situación que se está viviendo y que transmita un mensaje contundente en el cual el espectador pueda tomar una decisión de lo que acaba de ver. A este nuevo teatro se le iba a denominar teatro épico y documental, pues “Presenta al hombre como objeto de investigación, lo convierte en espectador, le proporciona conocimientos y lo obliga a tomar decisiones” (Sánchez, 1999 p. 266). Por lo cual, surge la pregunta ¿Cuál es la relación y la ruptura entre el teatro propuesto por Aristóteles y el teatro propuesto por Brecht usando la obra En la jungla de ciudades?  
Después de haber escrito Baal, obra por excelencia expresionista en 1918, el joven dramaturgo alemán Bertolt Brecht escribe En la jungla de las ciudades en 1924, obra que cuenta la pelea entre el comerciante de madera Schlink y el vendedor de libros de una biblioteca ambulante Garga por el negocio y comercialización de las maderas en la ciudad de Chicago. Es así como la obra refleja el ascenso y la caída de un pobre hombre y su familia George Garga que, después de ascender de vendedor de libros de segunda pasa a dirigir el negocio de ventas de madera y luego a quedar en la ruina por el incendio en su negocio de maderas. Así, George Garga y su familia pasan de ser pobres a burgueses en ascenso a burgueses en la ruina y pobres otra vez, porque este es el mensaje de la obra, la ciudad es una jungla que devora y enreda a sus habitantes sin piedad, en la cual sobreviven los más fuertes y mata de hambre, pobreza y miseria a los más débiles que, por supuesto deja un aire de incertidumbre y desesperanza frente a las personas que buscan un futuro mejor en las grandes ciudades; pero que, sin embargo, ese futuro se desvanece lentamente ante la espesa niebla de la jungla. En palabras  de George Garga al final de la obra
John: ¡Sí, vámonos! (mira a su alrededor) ¡Vamos! Llevas a tu lado a un soldado. ¡Adelante hacia la jungla de la ciudad!
Garga: Yo ya la he dejado atrás. ¡Eh! (Brecht, 2015 p. 181)
De acuerdo a las migraciones masivas del campo a las ciudades y la necesidad de entretenimiento de sus habitantes, el teatro se enfrenta a una ruptura, pues los nuevos habitantes de las ciudades ya no van a ser las clases medias y ni las elites de la sociedad, los nuevos habitantes de las ciudades van a ser campesinos y agricultores que han perdido sus bienes en la guerra o que van en busca de un futuro mejor en la ciudad. “La superpoblación en las ciudades está comenzando a dar frutos en el teatro de estos países” (Sánchez, 1999 p. 264). Por esta razón, teatro tenía que cambiar, se necesitaba un teatro acorde al tiempo y a la situación, hechos que el joven Brecht tenía presente a la hora de escribir para su generación; pero que, sin embargo, no se daría cuenta la trascendencia de su obra. De igual modo, Brecht no desconocía la importancia y la riqueza de los clásicos para el teatro, por lo contrario, sugería que los clásicos deben ser adaptados en un estilo acorde para cada generación.
En primera instancia, En la jungla de las ciudades Brecht todavía toma ciertos elementos de la estructura aristotélica. Por ejemplo, la obra tiene un desarrollo en espacio y tiempo lineal en la cual se cumplen los cánones de inicio de la acción, desarrollo de la acción y final de la acción. Es decir, la obra empieza exactamente el 8 de agosto de 1912 por la mañana con la presentación de los personajes y la riña entre Garga y Shlinl en la biblioteca rodante, después en el cuadro dos, hay un retroceso en las acciones, mostrando el conflicto existente entre Gargay Schlink el 2 de agosto del mismo año; sin embargo, el desarrollo del conflicto y el ascenso de Garga en la industria de la madera se muestra de manera cronológica hasta el 29 de septiembre y, luego hay un salto de tres años, pues el cuadro ocho ya se ubica el 20 de octubre de 1915 y finaliza en el cuadro once el 27 de noviembre de 1915 con el incendio en el negocio de Garga y su nueva partida a la ciudad de Nueva York. Es decir, con respecto al tiempo; sólo hay una variante entre el cuadro dos y el cuadro uno, que muestra un retroceso en la acción, es decir, el cuadro uno es producto del dos. Con respecto a la acción, el conflicto se desarrolla con el ascenso y la pelea entre Garga y Shlink por el negocio de las maderas y finaliza de manera concreta con la destrucción del negocio de Garga. Además, al igual que Aristóteles, para Brecht lo que importa es el mensaje o lo que Aristóteles llama como la fábula, es decir, lo importante es contar la historia. Sin embargo, la fábula de Brecht, al igual que el tiempo, va a tener ciertas variaciones para luego romperla totalmente. Pues, por un lado Aristóteles afirma que lo importante es contar sumo detalle los hechos y los sucesos de la caída de los héroes, los hechos que ocurren son producto de otro suceso anterior que aparece en la tragedia; sin embargo, Brecht comenta en su prólogo: “No se rompan la cabeza para descubrir los motivos de esta lucha, y participen en esos encuentros humanos, juzguen imparcialmente la forma de luchar de los contrincantes y concentren su atención en el final.” (Brecht, 2015 p. 134). Con este prólogo el dramaturgo nos dice que lo que importa es el final, es decir, en lo que el mundo se va a convertir y qué es lo que el hombre ha hecho para llegar a ese final o a ese suceso.
Por otra parte, si se analiza las diferencias y similitudes en el teatro de Aristóteles y el de Brecht, hay más rupturas que uniones. Es decir, con En la jungla de las ciudades Brecht apenas está descubriendo su estilo y su teatro, pues es una de sus obras de juventud. En esta obra todavía no hay una ruptura total como lo hay en Apogeo y caída de la ciudad de Mahagonny de 1930 o en El círculo de tiza del Cáucaso de 1951. Sin embargo, con En la jungla de las ciudades Brecht ya empezaba a romper con el tipo de historias y hechos que se cuentan en sus obras. Ya no son héroes griegos con características de dioses los que van a protagonizar sus obras, por lo contrario, van a ser personas comunes donde el hombre es el objeto de estudio y, al igual que Shakespeare muestra la condición humana en todo su esplendor tanto en reyes, gobernantes y grandes personajes de la historia, como en campesinos, pequeños burgueses y soldados. En conclusión, los personajes para Aristóteles son de admirar por parte del espectador, mientras que para Brecht son para comparar por parte del espectador.
En la jungla de ciudades Brecht documenta el hecho de una familia que intenta surgir en una gran ciudad y cómo aquellas ansias de progreso por parte de los migrantes se ve sacudida por la leyes crueles que conforman la jungla de la ciudad. Los hechos puestos en la obra por parte de la familia Garga son los hechos que le ocurrieron a muchos migrantes europeos al nuevo continente y aún dentro de las mismas ciudades europeas. Un poco más hacia el sur del nuevo continente, el conflicto de la familia Garga es el mismo conflicto que viven a diario en Colombia las familias que han migrado a las grandes ciudades a causa del conflicto armado. Por lo cual, En la jungla de ciudades cumple con la condición que propone el teatro épico, “muestra lo que el hombre tiene que hacer y las razones de su acción” (Sánchez, 1999 p. 266)
Para Eduardo Gómez el teatro de Brecht es el primer paso hacia el teatro moderno. En el caso de Colombia, el teatro universitario, hijo de los fuertes aires políticos, beligerantes y revolucionarios de los años 1960 y 1970, fue influenciado directamente por el teatro de Brecht, pues “el Teatro Universitario no hubiera existido sin la influencia preponderante de Brecht” (Gómez, 2011 p. 5), pues fue Brecht el primero en interesarse en contar y documentar los sucesos que estaban ocurriendo en la sociedad en la que él vivía. De igual manera, Jorge Plata, escritor del prólogo del libro El surgimiento del teatro moderno en Colombia y la influencia de Brecht de Eduardo Gómez, afirma que el teatro de Brecht le dio fuerza e impulso al teatro colombiano y al surgimiento de un teatro propio y popular.
“Esa asimilación del Brecht pedagógico, fue rápida y superficial, debido, especialmente, a las urgencias que imponía la lucha militante. Los grupos universitarios montaron una gran cantidad de obras, la mayoría de ellas creada rápidamente al calor de las luchas agrarias, obreras y estudiantiles; las presentaban por todo el país con mucha frecuencia en sitios de agudo conflicto social, y, naturalmente los temas de esas obras brotaban de los problemas y las condiciones concretas de los grupos en conflicto, apuntaban a hacer claridad sobre las causas, denunciar los intereses.” (Gómez, 2011 p. 5)
A manera de conclusión, es pertinente decir que Brecht incurre en una ruptura entre el canon aristotélico y el teatro épico, es decir, Brecht toma parte de los postulados hechos por Aristóteles, pero finalmente, se adelanta a su tiempo y crea su propia concepción del teatro, lo que debe ser y lo que debe comunicar, a quién debe ser dirigido y la manera que este debe apreciarse. Con En la jungla de ciudades Brecht experimenta su estilo y empieza a crear un concepto que, hasta los tiempo que corren, ha trascendido en cuando a su fondo y su forma.

Bibliografía
Brecht, Bertolt. En la jungla de las ciudades. Teatro Completo. Trad. Miguel Sáenz. Madrid: 2015.
Gómez, Eduardo. El surgimiento del teatro moderno en Colombia y la influencia de Brecht. Bogotá: Ediciones Uniandes, 2011.
Hobsbawm, Eric. Historia del siglo XX. Trad. Juan Faci, Jordi Ainaud, Carme Castells. Barcelona: Crítica, 1995.
Sánchez, José, ed. La escena moderna: manifiestos y textos sobre teatro de la época de las vanguardias. Madrid: Ediciones Akal, 1999.


La cantante calva

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Titulo original: La Cantatrice Chauve
Autor: Eugéne Ionesco
Género: Teatro / Absurdo
Ano: 1952
País: Francia
Idioma: Francés


¿Quién es la cantante calva que se peina todos los días?


            Cuando el 11 de mayo de 1950 en el cabaret parisino Théâtre des Noctambules los asistentes a La cantante calva reclamaban su dinero entre burlas y quejas piden ver por lo que pagaron, una cantante calva, Nicolas Bataille, director de la obra afirma que las cosas se salieron un poco de control, ¿Coincidencia? Es mejor analizar una de las críticas de uno de los asistentes al espectáculo. Para el escritor francés Jaques Lemarchand el teatro de Ionesco se trata de todo menos de lo que él dice, por ejemplo, su obra La lección habla de todo, menos de una lección; sin embargo, cuando el público pide ver una cantante calva ¿qué es lo que va a recibir? ¿Un rinoceronte? Pues bien, es necesario saber que el componente de Ionesco en todas sus obras es un factor sorpresa que promete la llegada de un suceso, cuando en realidad no llega nada. Es como si en la envoltura de un cereal dijera “Con sabor a fresa” y dentro del empaque hubiera arena. ¿Engaño? ¿Burla? Es muy apresurado pensar que el escritor nos engaña, por ahora, es mejor pensar que hay un malentendido.
            Cuando el público parisino pagó por ver una supuesta cantante calva en un cabaret, el público se encuentra con una pareja “muy inglesa”, los Smith, que hablan de cosas triviales como la cena y un personaje llamado Bobby Watson, cuya familia tiene su mismo nombre y todos están emparentados entre sí. Luego, tras una conversación “muy inglesa” llegan los Martin, quienes aparentemente estaban invitados a cenar; pero llegaron cuatro horas tarde. Los Martín, también son “muy ingleses”, no tanto como los Smith y con discusiones similares, por ejemplo, los Martin aunque parecen ser esposo y esposa, no lo son, aunque han viajo juntos desde Manchester a Londres en el mismo tren, y viven en la misma calle y el mismo piso número 8 y comparten el mismo edredón verde, no son esposos. Aun así, el público sigue esperando a una cantante calva.
            Alguien llama a la puerta de los Smith, y algún ingenuo, pensando que es la cantante calva, se da cuenta que es un bombero que conoce a la sirvienta de los Smith, Mary y que hablan sobre fuego y anécdotas sin sentido. Durante toda la obra, cuando parece que por fin va a aparecer eso por lo que el público pagó, no llega nada. Sólo una pequeña mención “- El bombero: A propósito, ¿y la cantante calva? Silencio general, incomodidad - Sr. Smith: Sigue peinándose de la misma manera” (Ionesco, 2007 p. 72)
            De acuerdo a Jaques Lemarchand, asistente a la función, aunque el público nunca vio la cantante calva y pidió su dinero, entre acto y acto, la obra lograba sacar algunas risas de en medio del público, y al final, algunos menos molestos, dijeron que no entendieron nada; pero estuvo la obra muy divertida.
            Ahora bien, ¿Qué fue lo que causó ese efecto en los asistentes a la obra y qué dijo Ionesco al respecto? Para Ionesco no fue una sorpresa la reacción de los asistentes, el mismo decía que “Para mí ir al teatro significaba ir a ver gente, aparentemente seria, haciendo un espectáculo de ellos mismos” (Esslin, 1966 p. 105) Es decir, el teatro sólo representaba la realidad de la sociedad haciendo un espectáculo para la misma sociedad. Los asistentes, al no saciar sus ansias de morbo con el espectáculo de una mujer calva y, por lo contrario, escuchar discusiones sin sentido arremeten contra el espectáculo; pero era precisamente eso a lo que quería llegar Ionesco, mostrar la tragedia del lenguaje, pues desde su concepción el lenguaje entre los seres humanos de la posguerra era imposible, sus conversaciones y maneras de pensar habían perdido toda coherencia, hablaban cosas sin sentido y a nadie parecía importarle. Es así, como los Smith y los Martin son sólo una muestra de lo absurda y banal que se ha convertido la sociedad, un “despropósito” de la realidad.
            Sin embargo, después de la primera función y la poca aceptación del público, algunos estudiosos y literatos de la época como Jaques Lemarchand y Kenneth Tynan, exaltan la obra de Ionesco y afirman que, a diferencia del teatro realista convencional, Ionesco propone un anti teatro “Un teatro de aventura[,] ilógico[,] irracional[,] poético y burlesco. Viola las reglas de juego; pero es lo contrario a un teatro tramposo” (Ionesco, 2007 p. 13) Cuando Lemarchand dice que “viola las reglas de juego, pero es lo contrario a un teatro tramposo”, afirma que el teatro realista convencional tiene una fórmula para congraciarse con el público y, como todos los tramposos conoce la ley para manipularla a su antojo, pero el teatro de Ionesco rompe con la convención del teatro realista y usa el teatro para manifestar el malestar existente en el lenguaje. Por otra parte, Kenneth Tynan afirma que Ionesco es el nuevo mesías de la escritura y que sus obras son la puerta de entrada al teatro del futuro; sin embargo “El peligro surge en el momento en que se le considera como un camino general a seguir (…) del cual serán borradas las herejías humanistas de la fe en la lógica y en el hombre” (Esslin, 1966 p. 97) Pues si bien, el teatro de la posguerra debe mostrar el malestar existente en la humanidad, tampoco debe perder la fe en la lógica del hombre y sus comportamientos. A estos pronunciamientos Ionesco afirma que su literatura dista de convertirse en un camino o que él sea la figura de un mesías, pues después de 1945 el mesías había dejado de existir, y si existía, se había olvidado de Europa.
            Con La cantante calva, aparte de mostrar la imposibilidad en la comunicación, muestra la futilidad de la vida y en las relaciones humanas. Por ejemplo, cuando los Martin hablan sobre si se conocen el uno al otro o si son esposos, el lector/espectador pensaría en un principio que el hecho es obvio, pues su vínculo matrimonial está cimentado en la idea de que ambos tienen una hija con un ojo blanco y otro rojo, aun así, lo gracioso es saber por parte de la sirvienta Mary que no son esposos por el mismo hecho “Pero en tanto que la hija de Donald tiene el ojo blanco a la derecha y el rojo a la izquierda, la hija de Isabel tiene el ojo blanco a la izquierda y el rojo a la derecha”(Ionesco, 2007 p. 13) Sin embargo, no interesa si son o no son esposos, lo que interesa es el sentimiento de abandono en el cual han caído las relaciones y el desinterés absoluto por la familia. Con sucesos como esto se puede decir que en Ionesco no importa el sentido sino la sensación, ya que el sentido de la comunicación se ha perdido, lo importante ahora es saber lo que genera obra, siendo esta la prueba de lo que ocurrió a los asistentes de la premiere, analizaron desde la razón una obra que carece de sentido.
            Por otra parte, si La cantante calva es un reflejo del problema del lenguaje en la sociedad, se podría decir que la obra hace parte de un realismo social. Ionesco dice que una de las barreras existentes entre los humanos surge a causa de la sociedad, pues las guerras, la injusticia, las desigualdades y la pobreza vienen a causa de la sociedad y sus reglas absurdas que separan a unos humanos de otros y los clasifican según su género, color de piel, creencias religiosas y poder económico. “De aquí la necesidad de romper con el lenguaje de la sociedad, el cual no es más que clichés, fórmulas vacías y slogans” (Esslin, 1966 p. 98) De igual manera, de acuerdo a Ionesco su obra manifiesta los temores y pesadillas de sí mismo y por ende, si él es capaz de descubrir sus miedos, muchos otros podrán descubrir sus miedos a través de su obra, muchos de esos miedos que no pueden ser expresados por palabras, pero que si pueden transmitir una sensación, de acuerdo al mismo Ionesco algunas veces se logra otras veces no.
“Para descubrir el problema fundamental que afecta a toda la humanidad, me debo preguntar a mí mismo cual es mi problema fundamental (…) Estoy seguro que entonces descubriré los temores y problemas de casi todos (…) Una obra de arte es expresión de una realidad incomunicable que uno trata de comunicar y que, a veces, puede ser comunicada. Esta es su paradoja y su verdad” (Esslin, 1966 p. 98-99)
Por lo cual, si se piensa en un principio que el buen Ionesco timó y engañó a su público parisino, la respuesta es que les mostró su realidad, esa oscura y terrible realidad, como dice Nicolai Gógol “No culpes al espejo por tu cara deforme”, en lo que se ha convertido el mundo de verdad aterra a todos. De igual manera, si se va a comprar cereal y fresa y dentro de su caja hay arena, no hay que culpar a la fábrica, la arena es el nuevo cereal de fresa y, le guste a quien le guste, esa es la realidad.
Entonces, si alguien se pregunta ¿Dónde está la cantante calva? Una posible respuesta es enfrente de ustedes, pues la cantante calva que se peina todos los días es el mismo absurdo de una sociedad que habla, pero que no se comunica, que ve pero no observa que es y a la vez no. Es así como después de leer a Ionesco y a Martin Esslin, quien escribe puede decir “¿Quieres ver un espectáculo de verdad? – ¡Mírense ustedes mismos!”

            Bibliografía

Ionesco, E. (2007). Teatro: La cantante calva, Jacobo o la sumisión, El porvenir está en los huevos. Buenos Aires: Editorial Losada.
Esslin, M. (1966). El teatro del absurdo. Barcelona: Editorial Seix Barral.


De lo posdramático a lo absurdo


La urgente necesidad del cambio

Cuando Shakespeare se refiere al teatro como “el espejo de la naturaleza (…) que muestra a cada época y generación sus modales y costumbres” (Shakespeare, 2010 p. 79), se refiere a que el teatro tiene la virtud de reflejar a cada sociedad en un espacio y tiempo determinado. Con el paso del tiempo, el teatro se ha encargado de cumplir firmemente con esta característica, siendo un fiel espejo de la naturaleza; no porque sea una réplica servil o una copia exacta de lo que ocurre; sino porque es capaz de capturar la esencia de una época y un momento determinado en la historia de la humanidad.
            Partiendo del siglo XX es pertinente decir que este espejo ha venido cambiando conforme cambian las generaciones; se tornó cóncavo a inicios de siglo con Ramón del Valle-Inclán, se tornó surreal con André Breton, cruel con Antonin Artaud, épico con Brecht y absurdo con Becket, Ionesco y Adamov. A partir del siglo XX, este espejo de la naturaleza tomó varias formas y estéticas dejando de mostrar una realidad exacta o mejor dicho, mostrando la otra realidad. Se puede decir que estas estas manifestaciones artísticas son producto de varios cambios históricos importantes que marcaron el siglo XX como lo fueron las dos Guerras Mundiales y todos los conflictos políticos y bélicos que le siguieron que, aunque sólo ocurrieron en Europa, afectaron a la mayor parte de la población en todo el mundo. A causa de estos conflictos bélicos a inicio de siglo, surge una gran desconfianza hacia el lenguaje, pues la retórica ya no bastaba y los grandilocuentes discursos de todos los dirigentes políticos habían defraudado al mundo entero. Para finales de 1940, el espejo mostraba un reflejo gris, lúgubre y desolador. “Este siglo nos ha enseñado que los seres humanos pueden aprender a vivir bajo las condiciones más brutales y teóricamente intolerables” (Hobsbawm, 1995 p. 23). Durante la segunda mitad del siglo XX el hombre entendió lo absurda y fútil que puede ser la vida; por lo cual el espejo se tornó absurdo y sin sentido.
            El siglo XX es conocido por tener varios movimientos y manifestaciones artísticas producto de los cambios coyunturales y políticos que ocurrieron, estos movimientos trabajaron de manera mancomunada afectando a diferentes campos del arte. En el teatro surgieron varias manifestaciones, las cuales se van definir como posdramáticas haciendo alusión al “[Quiebre] del concepto de drama y la apertura de su sentido más allá de las definiciones aristotélica y hegeliana [que] permite repensar y practicar la teatralidad” (Lehmann, 2013 p. 22). Por lo cual, se va a decir que a partir de 1940 y 1970, respectivamente, surgirán dos manifestaciones notables, el teatro del absurdo y el teatro posdramático; siendo el propósito del presente escrito exponer la relación existente entre estos dos movimientos teatrales y cómo surgen a causa de los cambios coyunturales que afrontaba la humanidad.
            Rafael Nuñez define el teatro del absurdo como “las obras que Ionesco, Beckett y Adamov escribieron en 1950” (Nuñez, 1981 p. 633). El teatro del absurdo tiene su cuna en el fin de la Segunda Guerra Mundial con Samuel Becket y su obra Esperando a Godot, cuya estética y acción reflejan el marco desolador, lúgubre y gris que enfrentaba el mundo. De acuerdo a Martin Esslin, “Vladimir y Estragón viven con la esperanza: esperan a Godot, cuya llegada irrumpirá el discurrir del tiempo” (Esslin, 1966 p. 39); sin embargo, Godot nunca llega y el cambio que Vladimir y Estragón esperan nunca ocurre. Cuando la obra fue representada en 1957 ante los presos de la cárcel de San Quentin en San Francisco, los presos pensaban que Godot era la libertad, la sociedad, el exterior, eso que tanto se espera; pero que nunca llega. La maestría de Becket con esta obra se encuentra en que es capaz de generar una atmósfera lúgubre y un sentimiento de desesperanza a través de imágenes grotescas, las cuales no ocurren por el uso de la palabra o la construcción retórica de la situación hecha por los personajes; por lo contrario, ocurre por la ruptura de todos estos elementos; pues Becket se centra en el problema del lenguaje por medio de las pausas y la falta de retórica, la carencia de sentido en el desarrollo de la situación inicial y la creación de imágenes repetidas a través de las acciones de los personajes.
            A Samuel Becket le siguieron Eugene Ionesco y Arthur Adamov con obras que cumplían con las características anteriores y profundizando en la importancia de la acción, la falta de sentido y el problema del lenguaje, de hecho, Ionesco cree que la comunicación entre los seres humanos es difícil y compleja “Yo sostengo, simplemente, que es difícil hacerse entender; pero no absolutamente imposible” (Esslin, 1966 p. 98). Es así como Ionesco explora con mayor profundidad este fenómeno, sosteniendo que es la sociedad la mayor barrera entre la comunicación de los seres humanos, son los sistemas políticos, los modelos económicos y la sociedad en general lo que evita la comunicación real y sincera entre las personas. “Ninguna sociedad ha sido capaz de abolir la tristeza humana, ningún sistema político puede liberarnos del dolor de vivir, el temor a la muerte, de la sed de absoluto” (Esslin, 1966 p. 98).
            De esta manera, pareciera ser que el teatro del absurdo se convirtiera en un movimiento premonitorio en lo que se iba a convertir la humanidad y de lo que ya era, pues si para la década de 1950 la comunicación era un acto absurdo e irracional, en la actualidad la comunicación se ha convertido en un acto superficial, hipócrita y sin sentido. Es así como el teatro del absurdo se convierte en un espejo verídico de lo que es la sociedad, esta vez no la muestra irreal, alterada o grotesca, sino que muestra la esencia del siglo XX, donde las relaciones entre personas perdieron el sentido y la vida carece de una lógica.
            Rafael Nuñez estudia con mayor profundidad los componentes que unen a estos autores y a los movimientos que darían lugar sus obras, afirmando que el teatro del absurdo tiene las siguientes características “la transformación repentina del personaje, la intensificación progresiva de la situación inicial, la inversión del principio de causalidad y el énfasis rítmico y/o emocional”. (Nuñez, 1982 p. 634). De igual manera, afirma que el propósito del teatro de lo absurdo es la expresión de imágenes poéticas a través de la estética y la repetición acciones cargadas de fuerza e intención. “Es simplemente fuerza en intensidad y acción pura, variación cualitativa constante y poder de metamorfosis” (Nuñez, 1982 p. 638). De igual manera, Nuñez afirma que el teatro del absurdo es producto directo de las vanguardias europeas, en especial del surrealismo de Bretón con algunos toques de abstracción de Kandinsky, este tipo de obras se construyen como se construye el sueño, con imágenes yuxtapuestas, sucesos y acciones que pasan de un momento a otro sin mayor explicación y un lenguaje que no obedece una lógica o razonamiento, de este hecho Ionesco se refiere “cuando escribo intento impedir que intervenga el pensamiento discursivo o la conciencia diurna, dejo seguir las imágenes tanto como sea posible” (Nuñez, 1982 p. 643).
            Por otro parte, con la llegada de la década de 1970 también llegó la posmodernidad, periodo que comprende desde el tercer cuarto del siglo XX hasta la actualidad, este periodo fue denominado así por ser contrario a la modernidad que traía el siglo XIX e inicios del XX, con formas de pensamiento centradas en la duda pragmática y el constante cuestionamiento de los postulados ya establecidos. A partir de 1970 el hombre supo que podía revelarse ante todo, la anarquía y los fuertes aires políticos que reinaban en Europa con la Guerra Fría, las invasiones norteamericanas a Vietnam y la formación de grupos guerrilleros en Latinoamérica le mostró al mundo que desde 1945 hasta 1970 que no mucho había cambiado, las grandes potencias venden la idea de que la única manera de hacer la paz es por medio de la guerra y que la única manera de traer libertad es por medio de la invasión.
            A causa de estos sucesos políticos que vienen acompañados de la guerra, también surgen nuevas manifestaciones artísticas y teatrales para ser un fiel espejo a la época. El investigador teatral Hans-Thies Lehman afirma que la posmodernidad trajo consigo la posteatralidad que, a diferencia del teatro del absurdo no tiene unas características comunes que unen a todos los movimientos, por lo cual se va a decir que el teatro posdramático es el conjunto de todas las manifestaciones teatrales que rompen con el teatro dramático que, Lehman lo define como “el teatro creado en torno a la palabra y la retórica” (Lehman, 2013 p.33). Es así como el teatro posdramático va mucho más allá de los cánones aristotélicos y las estructuras orales y lingüistas establecidas en el teatro dramático. Ahora bien, ¿Es el teatro del absurdo una manifestación del teatro posdramático? No, es un antecedente. En primer lugar, el absurdo no rompe completamente con el modelo aristotélico, de acuerdo a Rafel Nuñez, el absurdo va más allá “Es decir, consideramos el Teatro del Absurdo como una especificación más amplia del género dramático, con la que tiene en común determinados elementos (lo que lo une a la clase)” (Nuñez, 1982 p. 631-632). Además, de acuerdo a la época el teatro posdramático surge a partir de los 70’s y rompe completamente con la estructura aristotélica.
            En un principio, para Lehman el problema del teatro posdramático va ligado a la estética teatral, al igual que en el absurdo “El termino posdramático – en contraposición a la etiqueta de época del término posmoderno – hace referencia al planteamiento de un problema concreto de la estética teatral”. (Lehman, 2013 p. 35). Aquí se encuentra la primera relación existente entre los dos movimientos, pues ambos comparten la necesidad de generar sensaciones y reflexiones en el espectador a partir de la estética, la escenografía y la construcción de imágenes poéticas a través de acciones. Tal es el caso del happening y del performance, el primero encontrando su cuna en la provocación, la improvisación y el suceso “en el cual no ya la historia (story) sino lo que él llama el juego (game) – constituye su matiz generativa” (Lehmann, 2013 p. 43); en este caso la acción no es fija y puede variar dependiendo de lo que busque el espectáculo, de igual manera, comparte con el absurdo la provocación y la reflexión a través de imágenes grotescas y surreales. Con respecto al performance que “no muestra en absoluto una renuncia a la modernidad como principio, sino a tradiciones que refieren a la forma dramática” (Lehmann, 2013 p. 43) hace alusión al arte vivo o a la actuación se puede decir que usa nuevos recursos e innova en su estética para la comunicación del mensaje, lo particular de este movimiento es que explora en temas críticos que encuentra su origen en la guerra, las injusticias, el dolor y la opresión, provocando a sus espectadores e invitándolos a la reflexión, la crítica y la aceptación. Ahora bien, tanto el happening como el performance usan la innovación y el riesgo como método de construcción del espectáculo, se encuentran en constante exploración e inventiva, siendo estas características las que componen el nuevo teatro o ese pos del cual habla Lehmann.
            Cabe resaltar que tanto el absurdo como el posdramático rompieron en un principio con la escena tradicional, siendo el primero la primera fractura y el segundo el quiebre total. Con respecto al modo de apreciación de este nuevo teatro Lehmann se refiere “Un juicio de calidad no implica necesariamente acentuar las formas experimentales del teatro: se trata del análisis de una idea de teatro modificada y no de la valoración de resultados artísticos individuales” (Lehmann, 2013 p. 48). Es decir, Lehmann dice que se debe entrar a evaluar el proceso más que el resultado, partir de la pregunta y ocuparse de ella sin juzgar o menospreciar la respuesta. Pues tanto el absurdo como el posdramático fueron controversiales en sus primeras representaciones, menospreciados por la crítica y enjuiciados por el público en general, la respuesta se encuentra a que el ser humano le asusta lo nuevo y se resiste al cambio, pues como afirma Jorge Eines “Todo aprendizaje y conocimiento es resistencial”(Eines, 1997 p. 9).
            De hecho los movimientos teatrales más importantes de la escena latinoamericana surgen a partir del teatro universitario que, en su urgencia de transmitir un mensaje panfletario con un contenido político, surge la creación colectiva o devising como se conoce a nivel internacional, un nuevo método que surge a raíz de la falta de obras de teatro de autor que comuniquen el mensaje preciso que el teatro quería expresar. La cuna de este nuevo teatro en Latinoamérica surge a partir de las protestas en contra de la Guerra de Vietnam que, aunque lejos, la mayor parte de jóvenes universitarios protestaron en las calles en contra el hecho. A esto se le suma la conformación de grupos guerrilleros y el crecimiento del conflicto armado. El teatro La Candelaria y el Teatro Experimental de Cali con Santiago García y Enrique Buenaventura, respectivamente, fueron los pioneros en la creación de este nuevo teatro que, al igual que todos busca comunicar y, al parecer, cada vez los recursos anteriores no son suficientes para decir lo que se quiere decir.
            A manera de conclusión se puede decir que existe una fuerte relación entre el teatro del absurdo y el teatro posdramático que se origina en las vanguardias europeas de inicios del siglo XX y que evolucionan conforme avanza el mundo para cumplir fielmente con una de sus características, de la cual Shakespeare reza servir como espejo a la propia naturaleza. Cada época y generación tiene sus propios conflictos, por lo cual, el teatro como arte comunicativo debe manifestarse y hacerse sentir, al parecer de manera casi autónoma e inmediata, pues aunque el teatro sea una concepción al igual que la iglesia para los feligreses que va mucho más allá del templo y de las tablas, se manifiesta y se revela a sus seguidores. De seguro Becket no maquinó en su mente ni se anticipó a crear deliberadamente el teatro del absurdo, ni Thadeuz Kantor con el happening o Enrique Buenaventura con el devising. Todos estos movimientos surgieron por una necesidad casi incontenible, pues ni las críticas, ni los juicios de valor, ni mucho menos la desaprobación ha evitado que este tipo de movimientos siga surgiendo a nivel mundial para todos aquellos que busquen una relación y conexión con el teatro. De igual manera, cabe resaltar que, al igual que el mundo avanza en esta “la aldea global” (Hobsbawm, 1995 p. 25), el teatro también lo hace, es producto de una evolución constante donde bajo ningún punto de vista se desacredita o se menosprecia cualquiera de sus manifestaciones, pues cada generación tiene su manera de expresarse y mostrar su vicio y su costumbre. Cuando Hans-Thies Lehmann dice “Pero el riesgo opuesto de concebir lo nuevo únicamente como variante de lo ya conocido – especialmente en el ámbito académico – parece amenazar con juicios falsos y cegueras mucho más desastrosas” (Lehmann, 2013 p. 39). Hace alusión que, tanto el absurdo y el posdramático no niegan ni desaprueban sus antecesores, tampoco desaprueban las otras concepciones y formas de hacer teatro, por lo contrario, analizan de dónde vienen para partir un cuestionamiento que no se sabe a dónde se va a llegar. Con esto se concluye diciendo que los movimientos teatrales no surgen de manera percé; si no que encuentran su origen en su tiempo y generación.



Bibliografía

Einess, J. (1997). El actor pide. Barcelona: Gedisa Editorial.
            Esslin, M. (1966) El Teatro Del Absurdo. Barcelona: Editorial Seix Barral.
            Hobsbawm, E. (1995). Historia del siglo XX. Barcelona: Editorial Crítica.
Lehmann, H. (2013). El teatro posdramáico. México: Editorial Paso de Gato.
Nuñez, R. (1981-1982). El Teatro del Absurdo como subgénero dramático. Separata en Archivum, Revista de la Facultad de Filología. 14 pp. Oviedo.
Shakespeare, W. (2010). Hamlet. Madrid: Oficina de Villalpando. Recuperado de http://www.cm-sjm.pt/files/20/20756.pdf
             

La Fiesta de Cumpleaños

Titulo original: The Birthday Party
Autor: Harold Pinter
Género: Comedia / Teatro de lo absurdo
Año: 2005
País: Inglaterra
Idioma: inglés

Desnudos en nuestra habitación

            Cuando al dramaturgo inglés Harold Pinter le preguntaron la razón por qué sus personajes no profundizaban en ideas políticas o sociales, él respondió “ [Me ocupo de mis personajes] hasta el límite extremo de sus vidas, en donde ellos viven casi solo, es decir, en el momento que están de vuelta a sus habitaciones , enfrentados con el problema básico del ser” (Esslin, 1966 p. 230). Harold Pinter incursiona en el mundo de lo absurdo con su obra “La habitación”, donde explora con el carácter de una anciana sobreprotectora y maternal llamada Rose que atiende a su inerte marido Bert. Esta primera obra es fundamental para el dramaturgo, pues le daría paso a “La fiesta de cumpleaños”, obra en tres actos que cuenta la vida de una anciana Meg, dueña de una pensión en una casa cerca al mar. Meg, al igual que Rose, presenta una exagerada necesidad por complacer a su esposo Petey, siendo este mucho más aletargado que Bert. En su pensión se encuentra un único residente, Stanley, un hombre con un poco más de treinta años que ha hecho de esta casa su nuevo hogar. La obra se desarrolla en la sala de la pensión, cuando el día de cumpleaños de Stanley, llegan dos visitantes, Goldberg y McCann quienes organizan una fiesta de cumpleaños para Stanley, quien asegura que ese día no es su cumpleaños.
            Harold Pinter usa la vida de estos personajes para interiorizar en la esencia del ser humano y, expresar a través de situaciones cotidianas lo absurdo y fútil que pueden llegar a ser los comportamientos de la personas, y para esto es importante estudiarlos en su condición más vulnerable, cuando están sólos en la intimidad de sus hogares, donde pueden ser ellos mismos y pueden indagar dentro de sí. Por lo cual en el siguiente escrito se va enfocado a explicar ¿Cómo el comportamiento cotidiano se convierte en absurdo cuando la persona se encuentra en la intimidad de su hogar usando la obra “La fiesta de cumpleaños”?
            La obra comienza con el desayuno de Petey servido por su esposa Meg en la sala, donde Meg se muestra muy inquieta por saber cómo se encuentran sus cornflakes con leche o su pan tostado, además es maternal y sobreprotectora con su esposo, cuidando cada detalle a la hora de servir. Al igual que Beckett y Ionesco, Harold Pinter expone el problema del lenguaje, donde una pregunta ya no importa porque su respuesta carece de sentido.
            Meg: I thought they’d be nice (She sits at the table) You got your paper?
            Petey: Yes
            Meg: Is it good?
            Petey: Not bad.
            Meg: What does it say?
            Petey: Nothing much.
            Meg: You read me out some nice bits yesterday (Pinter, 1961 p. 9-10)
            No hace falta ser un genio para saber que hay un problema de comunicación, donde ni siquiera se sabe si se dice lo que hay que decir, o se dice otra cosa. La propuesta de Pinter es que en la actualidad, eso ni siquiera importa, y lo más gracioso es que, a quien interpela, tampoco le importa la falta de interés de su interlocutor, es como si ella no escuchara.
            Avanzando en el acto se presenta el personaje de Stanley, un señor de treinta y tantos que, aparentemente es pianista y que solía tocar grandes conciertos en el muelle, cerca a la pensión; vive con Meg y Petey hace más de un año y en todo ese tiempo nunca ha salido de la casa. Cuando Lulu, una chica que va a dejar un objeto macizo a la casa, lo invita a salir, él dice que el mejor lugar para ir es ninguno, y que sólo a ése lugar se dispondrá a salir con su acompañante.
            Stanley: Nowhere. Still, we could go
            Lulu: But where could we go?
            Stanley: Nowhere. There’s nowhere to go. SO we could just go. It wouldn’t matter (Pinter, 1961 p. 27). Para Martin Esslin, el problema de que Stanley no quiera salir de la casa o busque ir a ningún lugar, es porque el mundo exterior le aterra, los desconocidos le aterran, y es en esa pensión, donde se podría decir que “no lo conocen”, lejos de todo el mundo, es donde él ha encontrado refugio.  “Stanley sueña con una gira por el mundo. Pero resulta claro que está protegido contra un mundo hostil en el sórdido asilo de Meg” (Esslin, 1966 p. 218). Para el final del primer acto, llegan dos nuevos inquilinos Goldberg y McCann que junto a Meg van a organizar una fiesta de cumpleaños para el pianista. Con la llegada de estos inquilinos, Stanley se mantiene alerta, se muestra incómodo y le causan fastidio.El lector/espectador puede dilucidar que Stanley conoce a los hombres y que por eso no quiere que lleguen; sin embargo, Stanley dice que no puede conocerlos, pues ni siquiera conoce sus nombres y de seguro nunca los ha visto.
            En el segundo acto, ya con los nuevos inquilinos Stanley se muestra asustado, como un conejillo de indias acorralado que suplica que se vayan rápido del lugar. “Stanley: Staying here long?” (Pinter, 1961 p. 40). Pues por alguna extraña razón, ya que no es claro para el lector, los dos hombres conocen de algún lugar a Stanley y buscan llevárselo, además de encararlo con un fuerte interrogatorio sin sentido que raya en lo violento y podría pasar a lo brutal. Partiendo de este hecho, es pertinente decir que la obra tiene cierto aire misterioso y terrorífico, pues Pinter es capaz de generar cierta tensión entre los personajes, donde al parecer, ninguno se da cuenta de lo que está pasando; pero sin embargo, obran de acuerdo a su voluntad.
            Para el tercer acto, Meg sigue como la buena anfitriona que espera dar una buena fiesta; pero no se ha dado cuenta que su inquilino Stanley ha sido llevado por Goldberg y McCan en un auto negro.
            Meg: The car’s gone.
            Petey: Yes.
            Meg: Have the gone?
            Petey: Yes.
            (...)
Meg: Oh. Pause. It was a lovely party. I haven’t laughed so much for years. We had dancing and singing. And games. You should have been there. (...) I was the belle of the ball (...) I know I was. (Pinter, 1961 p. 90-91)
Ahora bien, se puede afirmar que la obra es una consecuencia del estado del hombre por la reprensión y la repetibilidad, es deicr, Meg obra como la perfecta ama de casa, un poco parecida a Winey de “Días felices” de Samuel Beckett, hay cierto aspecto perturbador en el personaje por intentar obrar de manera perfecta, como si no se diera cuenta que es lo que ocurre a su alrededor, ya que nadie es perfecto. Además, la repetición de un lenguaje sin sentido y una retórica que no lleva al ser humano a ningún lugar.
Por otra parte, de acuerdo a Martin Esslin, la obra es “Una alegoría de la muerte - el hombre arrebatado del hogar que se ha construido él mismo” (Esslin, 1966 p. 219). Esto, con la teoría de que el hombre no puede ser, pues el personaje de Stanley ha encontrado refugio del mundo exterior por más de un año en una acogedora pensión cerca al mar; pero es rapado por un par de desconocidos que le ponen entre paradojas como ¿Qué fue primero?. Es así como uno se pregunta ¿Acaso el hombre moderno no puede ser en la sociedad actual? De acuerdo a la obra, el hombre moderno está regido por una serie de comportamientos absurdos, con serios problemas en el lenguaje y con una necesidad insatisfecha por ser. Por lo cual, Pinter manifiesta en sus obras lo absurda que es la vida, no como un suceso fatalista; sino como un suceso que muestra una realidad carente de sentido, ya que la misma cotidianidad lo ha perdido. “Si la vida en nuestra época es básicamente absurda, cualquier representación dramática de la misma que presente soluciones (...) contiene forzosamente un elemento de hipersensibilidad, expurgada y estilizada, puede pretender ser comprensible” (Esslin, 1966 p. 231)
1945 le dejó un mensaje muy claro al mundo “Ningún lugar es seguro”, esto lo entiende muy bien Stanley, y si uno no puede estar seguro ni en la comodidad de su casa, mucho menos va a poder desarrollarse desde ahí. “La fiesta de cumpleaños” muestra cómo el hombre no puede ser, pues si uno no puede estar a salvo en su propio hogar, ¿Dónde más va a ser?
Bibliografía

Pinter, Harold. The Birthday Party and The Room, Two Plays by. New York, Grove Press, Inc, 1961
Esslin, Martin. El Teatro Del Absurdo. Barcelona, Editorial Seix Barral, 1966.
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